¡Qué ensalada que armaron! Con el duelo entre Tigre y San Lorenzo como telón de fondo, la disputa entre la Ciudad de Buenos Aires, con Mauricio Macri (que es lo mismo que decir Daniel Angelici) a la cabeza y la Nación, con el Gobierno pujando por su lado (O sea, Jorge Amor Ameal), estalló y desnudó algo que se sabe hace rato: ambos poderes estarán librando una batalla más que importante en las urnas Xeneizes el próximo domingo.

¿Qué tiene que ver todo con todo? Boca es uno de los clubes más populares del país y, su presidente, equivale al líder de una multinacional gigante, por así ejemplificarlo. Ese hombre, Mauricio Macri quiere que sea un ladero suyo; Angelici. El Gobierno, que no quiere que el hombre que está al frente de la Ciudad de Buenos Aires gane “ni a las bolitas” se metió de lleno en el inframundo de la política Xeneize. ¿Cómo? Ponderó a Ameal, le puso gente de “La Cámpora” cerca y hasta se encargó de “desbaratar” las candidaturas de José Beraldi y Roberto Digón para que vayan con Ameal o desaparezcan de la disputa.
¿Qué tiene que ver Tigre-San Lorenzo? Mucho. Muchísimo. La política, además de estrategias e idas y vueltas, se hace de detalles. Y el día que jueguen el Matador y el Ciclón tiene injerencia directa en Boca y es un detalle no menor. Sucede que si los de Rodolfo Arruabarrena no vencen al equipo de Leonardo Madelón, Boca, así pierda 5-0 con el Banfield de Ricardo La Volpe será campeón.
¿Y entonces? Desde el ala macrista quieren evitar, a toda costa, una noche de fiesta el sábado, con Ameal abriendo La Bombonera y desatando un bruto jolgorio horas antes de la votación, siendo el dueño de la fiesta. ¿Cómo buscó frenarla? Pasando el partido para el día domingo. ¿Motivo? Dicen no poder reprogramar el operativo para el día sábado. ¿El real motivo? No quieren que Boca sea campeón un día antes de las elecciones.
Incluso, los organismos de seguridad dependientes del GCBA amenazan con no habilitar el estadio de San Lorenzo para que allí se juegue el encuentro frente a Tigre. Esto retrasaría el juego e, incluso, podría forzar a una “postergación”. ¿Traducido? Así Boca empate, gane o pierda frente al Taladro no será campeón hasta que se sepa que pasa con Tigre.
El gobierno nacional también exhibe sus cartas. Dice que la Policía Federal no puede brindar seguridad en dos partidos que se jueguen en la Capital Federal (SL-Tigre y Boca-Banfield), lo cual además de ser una paparruchada denuncia el verdadero motivo de la disputa: Que Boca sea campeón antes de las elecciones, para favorecer los votos de los “indecisos” o de “último momento” y volcarlos en favor del actual presidente Xeneize.
Lo cierto es que, más allá que Daniel Angelici hable de “10% de ventaja” y que Ameal luzca tranquilo como un Monje, hoy, la elección, está voto a voto. Angelici apuesta al aura de Macri y sus títulos, mientras que Jorge Amor Ameal tiene como mejor campaña el brillante campeonato de la actualidad, en el que se puede colgar el mérito de haber bancado a Julio César Falcioni.
EL FACTOR RIQUELME
El oficialismo también cuenta con la venía de Juan Román Riquelme. El diez declaró, no por ósmosis ni sin querer, que “con Ameal cumpliré mi contrato, si gana otro no sé”. Mostrando, claramente, que prefiere que siga Jorge Amor Ameal al frente del club.
Angelici salió a aclarar, una vez más, que él pretendía reducir el contrato a dos años y no a cuatro, pero que nunca pidió que Román no siquiera en Boca. Quizás como “gesto de buena voluntad” lleva a Hugo Benjamín Ibarra, uno de los grandes amigos de Román, a trabajar en el club. Más política, en definitiva. Mientras tanto, si es por que se pongan de acuerdo, Tigre y San Lorenzo podrían jugar el sábado a las 3 de la mañana en la cancha de Midland…
Para el caso, es lo mismo. Acá la disputa pasa por otro lado, Boca y su nuevo presidente. Boca, y una nueva victoria de Macri. Boca y un nuevo palo en la rueda de Macri que pone el Gobierno nacional. Una vez más, en nuestro querido fútbol argentino, nada es lo que parece y los “disfraces” están a la orden del día.
Mientras tanto, el próximo domingo, se definirá quien es el encargado de conducir los destinos de uno de los dos clubes más grandes de la Argentina. Cuando le tocó a River, hubo denuncias de fraude, piñas y clima de tensión. Varios vaticinan lo mismo para Boca. ¿Será así? Sería triste y, viendo todo esto, lógico.



Comentarios