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El enojo de “Bilal” con Boateng que jaquea la armonía del Bayern Münich

Del 31 de Octubre al 2 de Noviembre de 1975 en Washington DC se presentó en la octava Convención Anual de la Asociación Médica Islámica de Estados Unidos y Canadá, un artículo de Ahmad H. Sakr. ¿El nombre del mismo? “El alcohol en el Islam”. En el mismo se desarrolla, puntillosamente, porque la religión musulmana rechaza el consumo de bebidas alcohólicas a todo nivel y coloca su consumo en el mismo nivel de “penitencia” que el adulterío, el juego y los falsos ídolos. Ocho años después, un 7 de abril, nacía en Boulogne Sur-Mer, Francia, un tal Franck Ribery, que se rebautizó como Bilal 22 años después, en Turquía, ante los ojos de Alá.

El maravilloso e inagotable mundo del fútbol traza una línea recta sobre ambos hechos, acontecidos con 38 años de separación. El Corán, libro sagrado para los musulmanes, menciona en tres Sura (NdR: nombre que reciben cada uno de los 114 capítulos del Corán) la prohibición del alcohol.

En la Sura“La Mesa Puesta”, una de las tres, está manifestada la más dura sentencia al respecto: "¡Vosotros que creéis! Las bebidas alcohólicas, el juego, los ídolos y las rifas son sólo un sucio trabajo de Satán; alejaos de ellos para que podáis prosperar. Satán sólo pretende fomentar la enemistad y la envidia entre vosotros por medio de las bebidas alcohólicas y el juego e impedir el recuerdo de Dios en vosotros y de la oración ¿aún así no os abstendréis?" (Corán 5,90-91).

La vida de Ribery, que hoy parece sencilla, no fue para nada fácil. Cuando tenía dos años, sufrió un accidente de tránsito que le ocasionó la cicatriz en el rostro que le valió el apodo de Scarface, homenaje a Tony Montana, aquella genial interpretación de Al Pacino para los grandes anales del cine.  En aquella oportunidad, el joven Franck salió despedido cuando su padre, un modesto albañil, perdió el control del auto en que circulaba, en la zona de Paso de Calais, en Francia.

Esa cicatriz lo acompañó –y acompañará- toda su vida. Pero no fue fácil. “Cuando era pequeño se burlaban de mí y me escondía a llorar en un rincón. Pero eso me ha endurecido y ayudado en la vida. Jamás me haré la cirugía estética. Si no, ya no sería yo”, definió en declaraciones a París Match, luego de debutar para Francia en el Mundial de Alemania 2006.

Ese fue, precisamente, el momento que Ribery eligió para que el mundo se entere que había abrazado la fe musulmana. El 13 de junio de 2006, Francia enfrentó a Suiza en su debut en el grupo “G” de la Copa del Mundo. El partido se jugó en Sttutgart, ciudad en la que haría destrozos vistiendo la camiseta del Bayern Münich. Ese día la noticia fue que Ribery, antes de iniciar el partido, rezó como cualquier musulmán.

No me he convertido porque no estoy bautizado. He elegido como religión el islam, que me da la fuerza fuera y dentro del campo”, definió alguna vez, quien adoptó el nombre de Bilal ante Alá. ¿De dónde viene su origen musulmán? Las especulaciones son muchas. Pero la más fuerte es la influencia de su esposa, una francesa de origen argelino, llamada Wahiba Belhami, con la que se casó en 2002. Con ella tuvo tres hijos: HiziyaShahinez Seïf-el-Islam.  Lo cierto es que Ribery abrazó la fe musulmana, con todo lo que ello implica.

Por eso, la corrida que se vio el otro día en el Allianz Arena con Ribery, uno de los jugadores más rápidos del mundo sin duda, huyendo despavorido de su compañero, Boateng, lejos de deberse a una chanza o un juego, era bien real. El jugador tiene prohibido todo contacto con el alcohol. Sin embargo, Boateng consiguió su cometido y lo bañó en Cerveza, bebida tradicional con la que los campeones de la Bundesliga dan rienda suelta a su delirio.

Lejos de ser una mera anécdota, Ribery –quien había pedido que no lo mojen debido a su religión- dejó de hablarle a su compañero y a varios más que participaron de la “broma”. Claro, para Ribery el alcohol no es una cosa más es, según el Islam, una abominación, labor de Satán y genera el odio y la enemistad entre los hombres, según indica el mencionado reporte de Sakr.

"El Islam es mi fuente de fortaleza ya sea dentro o fuera del campo de juego", dijo alguna vez. "Llevé adelante una carrera difícil y estaba determinado a encontrar paz y tranquilidad mental y finalmente encontré el Islam", resume Ribery, un hombre que a los 16 años fue expulsado de un centro de formación de Lille por sus malos resultados al cabo de tres cursos y que, desde que comenzó su carrera como jugador, en el club de su ciudad, el US Boulogne, pasó al Alès, Brest y FC Metz en temporadas consecutivas. Luego, jugó en Turquía y llegó al gigante francés Olympique de Marsella. Por ahora, su carrera encuentra su punto cúlmine en un gigante del fútbol mundial, como el Bayern Münich.

En Francia unas seis millones de personas se convierten al Islam por año, siendo la mayor comunidad minoritaria en Europa. No es joda para Ribery su religión, por eso pronunció, sin tapujos: “No volveré a hablarle a Boateng, el sabía que yo soy musulmán”. El volante intentó suavizar la situación diciendo que era una cerveza “sin alcohol” y subiendo una foto junto a él en su Twitter. Habrá que ver si Ribery lo perdona, si muestra la misma rebeldía y fortaleza que a lo largo de su vida y su carrera parece difícil. Boateng, anda rezándole a Alá.

Del 31 de Octubre al 2 de Noviembre de 1975 en Washington DC se presentó en la octava Convención Anual de la Asociación Médica Islámica de Estados Unidos y Canadá, un artículo de Ahmad H. Sakr. ¿El nombre del mismo? “El alcohol en el Islam”. En el mismo se desarrolla, puntillosamente, porque la religión musulmana rechaza el consumo de bebidas alcohólicas a todo nivel y coloca su consumo en el mismo nivel de “penitencia” que el adulterío, el juego y los falsos ídolos. Ocho años después, un 7 de abril, nacía en Boulogne Sur-Mer, Francia, un tal Franck Ribery, que se rebautizó como Bilal 22 años después, en Turquía, ante los ojos de Alá.

El maravilloso e inagotable mundo del fútbol traza una línea recta sobre ambos hechos, acontecidos con 38 años de separación. El Corán, libro sagrado para los musulmanes, menciona en tres Sura (NdR: nombre que reciben cada uno de los 114 capítulos del Corán) la prohibición del alcohol.

En la Sura“La Mesa Puesta”, una de las tres, está manifestada la más dura sentencia al respecto: “¡Vosotros que creéis! Las bebidas alcohólicas, el juego, los ídolos y las rifas son sólo un sucio trabajo de Satán; alejaos de ellos para que podáis prosperar. Satán sólo pretende fomentar la enemistad y la envidia entre vosotros por medio de las bebidas alcohólicas y el juego e impedir el recuerdo de Dios en vosotros y de la oración ¿aún así no os abstendréis?” (Corán 5,90-91).

La vida de Ribery, que hoy parece sencilla, no fue para nada fácil. Cuando tenía dos años, sufrió un accidente de tránsito que le ocasionó la cicatriz en el rostro que le valió el apodo de Scarface, homenaje a Tony Montana, aquella genial interpretación de Al Pacino para los grandes anales del cine.  En aquella oportunidad, el joven Franck salió despedido cuando su padre, un modesto albañil, perdió el control del auto en que circulaba, en la zona de Paso de Calais, en Francia.

Esa cicatriz lo acompañó –y acompañará- toda su vida. Pero no fue fácil. “Cuando era pequeño se burlaban de mí y me escondía a llorar en un rincón. Pero eso me ha endurecido y ayudado en la vida. Jamás me haré la cirugía estética. Si no, ya no sería yo”, definió en declaraciones a París Match, luego de debutar para Francia en el Mundial de Alemania 2006.

Ese fue, precisamente, el momento que Ribery eligió para que el mundo se entere que había abrazado la fe musulmana. El 13 de junio de 2006, Francia enfrentó a Suiza en su debut en el grupo “G” de la Copa del Mundo. El partido se jugó en Sttutgart, ciudad en la que haría destrozos vistiendo la camiseta del Bayern Münich. Ese día la noticia fue que Ribery, antes de iniciar el partido, rezó como cualquier musulmán.

No me he convertido porque no estoy bautizado. He elegido como religión el islam, que me da la fuerza fuera y dentro del campo”, definió alguna vez, quien adoptó el nombre de Bilal ante Alá. ¿De dónde viene su origen musulmán? Las especulaciones son muchas. Pero la más fuerte es la influencia de su esposa, una francesa de origen argelino, llamada Wahiba Belhami, con la que se casó en 2002. Con ella tuvo tres hijos: HiziyaShahinez Seïf-el-Islam.  Lo cierto es que Ribery abrazó la fe musulmana, con todo lo que ello implica.

Por eso, la corrida que se vio el otro día en el Allianz Arena con Ribery, uno de los jugadores más rápidos del mundo sin duda, huyendo despavorido de su compañero, Boateng, lejos de deberse a una chanza o un juego, era bien real. El jugador tiene prohibido todo contacto con el alcohol. Sin embargo, Boateng consiguió su cometido y lo bañó en Cerveza, bebida tradicional con la que los campeones de la Bundesliga dan rienda suelta a su delirio.

Lejos de ser una mera anécdota, Ribery –quien había pedido que no lo mojen debido a su religión- dejó de hablarle a su compañero y a varios más que participaron de la “broma”. Claro, para Ribery el alcohol no es una cosa más es, según el Islam, una abominación, labor de Satán y genera el odio y la enemistad entre los hombres, según indica el mencionado reporte de Sakr.

“El Islam es mi fuente de fortaleza ya sea dentro o fuera del campo de juego“, dijo alguna vez. “Llevé adelante una carrera difícil y estaba determinado a encontrar paz y tranquilidad mental y finalmente encontré el Islam”, resume Ribery, un hombre que a los 16 años fue expulsado de un centro de formación de Lille por sus malos resultados al cabo de tres cursos y que, desde que comenzó su carrera como jugador, en el club de su ciudad, el US Boulogne, pasó al Alès, Brest y FC Metz en temporadas consecutivas. Luego, jugó en Turquía y llegó al gigante francés Olympique de Marsella. Por ahora, su carrera encuentra su punto cúlmine en un gigante del fútbol mundial, como el Bayern Münich.

En Francia unas seis millones de personas se convierten al Islam por año, siendo la mayor comunidad minoritaria en Europa. No es joda para Ribery su religión, por eso pronunció, sin tapujos: “No volveré a hablarle a Boateng, el sabía que yo soy musulmán”. El volante intentó suavizar la situación diciendo que era una cerveza “sin alcohol” y subiendo una foto junto a él en su Twitter. Habrá que ver si Ribery lo perdona, si muestra la misma rebeldía y fortaleza que a lo largo de su vida y su carrera parece difícil. Boateng, anda rezándole a Alá.