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El dolor de ya no ser

 

[caption id="attachment_34666" align="aligncenter" width="480" caption="Brasil superó ampliamente a la Argentina el pasado miércoles."]Argentina[/caption]

Se acabó la paridad, el superclásico, las dos potencias de Sudamérica y todo ese tipo de lugares comunes que nos ponían a la par de Brasil frente a un nuevo partido de fútbol, se terminaron. Y no sólo se trata de que ahora nos hayan sacado un partido de ventaja en el historial (35 a 34), se trata de entender que ya no somos lo que fuimos y que hay otro mejor.

Que hoy la diferencia sea de un solo encuentro marca que hubo una igualdad, es cierto, pero si uno piensa que en los últimos 40 años se ganaron sólo 9 partidos (uno en definición por penales), es llamativo. ¿Por qué antes si y ahora no? Argumentar que tienen suerte, que juegan de chiquitos en la playa o que sacan laterales como pan caliente parecen excusas de un estúpido.

Enfrentamientos entre selecciones locales, entre selecciones “europeas”, nuestras figuras contra Vagner Love & Company. Amistosos, Copa Aniversario, Copa América, eliminatorias y la Copa Nicolás Leoz, lo que faltaba. Siempre, de alguna u otra forma han salido victoriosos ellos, los verdeamarelos, los pentacampeones del mundo, los que se identifican con el juego asociado y el firulete sinvergüenza. Ellos.

No crean que el triunfazo de Italia 1990 quedó en el olvido, o a quien escribe no se le eriza la piel cada vez que escucha el himno previo a un partido. Ese merece un párrafo aparte, tanto por lo que valió como por lo que costó. Fue la llave a los cuartos de final de la Copa del Mundo de una forma tan heroica como impensada. Pero tuvimos a Maradona, y esa pizca de suerte que muchas veces falta. Pero es eso, lo que tuvimos, y lo que en cierta forma estamos llorando desde hace 21 años, mientras por la vereda de enfrente se retira uno y aparece otro, con talento, es cierto, pero aparece y se adapta a lo que marca la historia. Una historia con ideología, con objetivos claros, con respeto... a la historia.

Es tiempo de recuperar identidad y de dejar de celebrar orgullosos “El bidón de Branco”. Unos vivos bárbaros, desde entonces no pasamos los cuartos de final de un Mundial y ellos pegaron dos vueltas. Celebremos el gol de Diego a los ingleses, o cuando entre Redondo, Maradona y Caniggia dejaron haciendo yogurt a los griegos, o la picardía real de amagar tiro al arco y dársela a Zanetti en Francia 1998, o el zapatazo de Maxi contra México… ¡Miren si hay para recordar!

Antes se podía, ahora pareciera que no. Mientras tanto el mejor jugador del mundo sigue pasando de largo y uno de los peores dirigentes del mundo sigue sentado en la calle Viamonte, y en su coctelera mezcla técnicos, y con ellos las ideologías futbolísticas, y los proyectos, y al final se termina tomando la historia de nuestro fútbol en un shot que ya ni alegría le debe producir.

Es tiempo de volver, de recuperar, de subir esos dos escalones que a lo largo de los años nos han dejado ahí justamente, dos escalones abajo, pero no sólo de Brasil, sino de lo que supimos ser. De lo que lamentablemente ya no somos.

 

Argentina
Brasil superó ampliamente a la Argentina el pasado miércoles.

Se acabó la paridad, el superclásico, las dos potencias de Sudamérica y todo ese tipo de lugares comunes que nos ponían a la par de Brasil frente a un nuevo partido de fútbol, se terminaron. Y no sólo se trata de que ahora nos hayan sacado un partido de ventaja en el historial (35 a 34), se trata de entender que ya no somos lo que fuimos y que hay otro mejor.

Que hoy la diferencia sea de un solo encuentro marca que hubo una igualdad, es cierto, pero si uno piensa que en los últimos 40 años se ganaron sólo 9 partidos (uno en definición por penales), es llamativo. ¿Por qué antes si y ahora no? Argumentar que tienen suerte, que juegan de chiquitos en la playa o que sacan laterales como pan caliente parecen excusas de un estúpido.

Enfrentamientos entre selecciones locales, entre selecciones “europeas”, nuestras figuras contra Vagner Love & Company. Amistosos, Copa Aniversario, Copa América, eliminatorias y la Copa Nicolás Leoz, lo que faltaba. Siempre, de alguna u otra forma han salido victoriosos ellos, los verdeamarelos, los pentacampeones del mundo, los que se identifican con el juego asociado y el firulete sinvergüenza. Ellos.

No crean que el triunfazo de Italia 1990 quedó en el olvido, o a quien escribe no se le eriza la piel cada vez que escucha el himno previo a un partido. Ese merece un párrafo aparte, tanto por lo que valió como por lo que costó. Fue la llave a los cuartos de final de la Copa del Mundo de una forma tan heroica como impensada. Pero tuvimos a Maradona, y esa pizca de suerte que muchas veces falta. Pero es eso, lo que tuvimos, y lo que en cierta forma estamos llorando desde hace 21 años, mientras por la vereda de enfrente se retira uno y aparece otro, con talento, es cierto, pero aparece y se adapta a lo que marca la historia. Una historia con ideología, con objetivos claros, con respeto… a la historia.

Es tiempo de recuperar identidad y de dejar de celebrar orgullosos “El bidón de Branco”. Unos vivos bárbaros, desde entonces no pasamos los cuartos de final de un Mundial y ellos pegaron dos vueltas. Celebremos el gol de Diego a los ingleses, o cuando entre Redondo, Maradona y Caniggia dejaron haciendo yogurt a los griegos, o la picardía real de amagar tiro al arco y dársela a Zanetti en Francia 1998, o el zapatazo de Maxi contra México… ¡Miren si hay para recordar!

Antes se podía, ahora pareciera que no. Mientras tanto el mejor jugador del mundo sigue pasando de largo y uno de los peores dirigentes del mundo sigue sentado en la calle Viamonte, y en su coctelera mezcla técnicos, y con ellos las ideologías futbolísticas, y los proyectos, y al final se termina tomando la historia de nuestro fútbol en un shot que ya ni alegría le debe producir.

Es tiempo de volver, de recuperar, de subir esos dos escalones que a lo largo de los años nos han dejado ahí justamente, dos escalones abajo, pero no sólo de Brasil, sino de lo que supimos ser. De lo que lamentablemente ya no somos.