Parecía que ayer era el día. Un Real Madrid jugando como su riquisima historia se lo demanda ante un Barcelona que, en algunos segmentos de La Liga lució más terrenal que nunca. Sin embargo, una vez más, los tipos vestidos de Blaugrana se comieron toda la torta y no lo dejaron ni soplar las velitas al equipo de José Mourinho.

Si alguien le dice que el dueño de la Casa Blanca comenzó ganando a los 22 segundos de juego resulta díficil de creer, ¿no? Sí, si de terrenal se habla el más terrenal de los once culés es el arquero, Valdés que se mandó una digna del mejor -¿o peor?- Juan Pablo Carrizo.
Rechazo corto que le cae a Ángel Di María, este busca a Cristiano Ronaldo, intercepta alguien del Barça, la bocha le cae, sí, a Cr7 y su remate se desvía, habilitando a Karim Benzema quien facturó. 1-0 y ni habíamos llegado al minuto de juego. Sí, ese era el día.

Claro, pasa que el Barcelona no se vende, no se traiciona y es dueño de una paciencia que exaspera. Pese a ir 0-1, prácticamente dejando la Liga en manos de su acérrimo rival, los once de Joseph Guardiola jamás se desesperaron. Toque, toque, toque. Pequeñas sociedad que se tejían como telerañas en el verde césped del Santiago Bernabeú. Y eso que ganaba el Madrid, eh…
Pero el Barcelona tiene tres jugadores que son abismales y que, sólos, marcan la diferencia. Sobre todo si están en su día. Lionel Messi, cada vez más conductor, Andrés Iniesta, cada vez más cerebro y Xavi Hernández, una bestia que hace absolutamente TODO bien. De verdad, si alguien quisiera contar los yerros de Xavi la tendría muy complicado. Son un ballet. Un ballet vestido de azulgrana.
Un equipo que le pone el cartelito de “Burros” a Pepe y Marcelo, que entierra a Cristiano Ronaldo, que aún no le puede ganar a Leo Messi en la cancha (a boquilla ya lo superó hace rato) y que minimiza a la mínima expresión lo que el gran Mou piensa. Dijo el DT portugués al terminar el partido. “La suerte definió todo”. Seamos buenos Mou, a la suerte hay que ayudarla, y el exquisito fútbol que despliega el Barça le da una mano gigantesca.

Llegó el empate, entonces. Gran conducción de Messi, habilitación para Alexis Sánchez y a cobrar. 1-1 y ya la cosa, de nuevo, tomaba color Blaugrana. Con el empate nada cambió, el Real apostaba a las contras, con Xabi Alonso, Özil y el propio ex Central en el manejo para alimentar a Cristiano y Karim. Barça, por su parte, no se corría de su libreto: pelota al piso y una paz para jugar que exaspera a cualquier rival, cuando es que no se puede disfrutar.
Así se fue el primer tiempo y, rápido, en el segundo, el Barcelona consiguió el fatídico 2-1 para el Merengue. Gran jugada en elaboración y una pizca de suerte en la definición, con un Xavi que la empaló, el rebote en Marcelo descolocó al pobre Iker Casillas y 2-1 ¿y ahora?

Ahí, el Madrid quemó las naves. Adentro Kaká, adentro Higuaín y a la carga barracas. Claro, el Barça ganando, es aún más pacifico y tranquilo. Messi condujo una jugada en ataque, habilitó en el momento justo a Dani Alves y este, con un centro perfecto, la puso en la cabeza de Césc Fabregas. 3-1 y a cobrar y a resucitar una Liga que empezaba a tomar color blanquecino.
Miren como seran las cosas que, hasta acá, no hubo necesidad de nombrar al ex Arsenal, es que sólo con el trío de Lio, Iniesta y Xavi, el Barça tiene de sobra. Claro, también tiene a Césc, Pedro (fue al banco), Alexis, Villa (al banco), Busquets, etc, etc, etc. Un afano, claro.
Así pasó un nuevo derby español, ese que hace tres años se tiñe de Blaugrana, sin importar circunstancias del juego o del partido. Es que hay algo muy simple. Barcelona, aún contra el Real Madrid, siempre es Barcelona. El Real, cuando se mide ante las bestias que usan pantalones cortos y botines en el Blaugrana, se rebaja y juega pensando en el rival. Por eso, más que la suerte, lo que ayer definió la historia en el Bernabeú fue la convicción de unos y de otros. Tan simple como eso, Mou.



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