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Cuando el amor se hace bandera

7829, 74 metros. Es un número, por supuesto. Es, además, el metraje exacto de “La Bandera Más Larga del Mundo”, la que River le mostró a la Ciudad toda el pasado 8 de octubre de 2012, en época de vacas flacas, y recién retornado del infierno de la B Nacional.

La jornada, vivida con la intensidad con la que se viven esas que son irrepetibles, únicas, memorables, quedó en las retinas de cada una de las más de 130 mil almas que llevaron el trozo de bandera como si de un testigo de amor eterno se tratara. A lo largo de casi 8 kilómetros mujeres, niños, ancianos, carritos de bebés, embarazadas, grupos de amigos caminaron, aferrados a un trozo de tela que se elaboró en su mayoría a 90 kilómetros de la Capital Federal y que fue la ofrenda de amor puro, incondicional, inagotable que esas personas le hicieron a River. Un River que venía pisoteado, siendo objeto de burlas y convertido en el hazmerreír del fútbol argentino. Se le puso el pecho, se le puso pasión, se le puso ganas y se le puso pertenencia. Mucho sentido de pertenencia.

Bueno, de eso se trata “Esos Colores que llevas”. La película que Federico Peretti realizó sobre esa jornada histórica pero, también sobre la previa. Sobre los locos que cargaron miles de metros de tela arriba de un auto desde Zárate a Capital una y otra vez. De la embarazada que se aferró a la tela en Tagle y Figueroa Alcorta y recién la soltó cuando llegó al Monumental. De aquel anciano que, sostenido en su bastón, lloraba, lloraba y lloraba. Sin saber porque o sabiendo muy bien porqué. De los nenes, esos que no vieron el River glorioso que sus viejos y abuelos les cuentan. De los que tienen 30 y algo, esos que conocen ambas caras de la moneda. De todos. De River. De la pasión que no entendió de categorías. Ni de Promociones. Ni de inclemencias. De nada, sólo de amor a la camiseta. La banda roja. El blanco y el rojo, esos colores que llevás, bah.

El gran mérito de Peretti –más que mérito es una búsqueda a conciencia- es haber puesto, a la misma altura, a Enzo Francescoli, con cualquiera de los cientos de voluntarios que participaron, para armar lo que más que un documental o una película es una historia de amor. De amor a los colores, a River, y a una pasión centenaria.

Más allá de la palabra de los hinchas, los que recaudaron la tela para la bandera, los que pusieron horas y horas de su tiempo a disposición del sueño que soñó antes que nadie Eric Gorski, también hay testimonio de los grandes ídolos de River: Enzo Francescoli, Ariel Ortega, Norberto Alonso y Amadeo Carrizo son los que llevan la voz cantante, aunque también hablan y cuentan y se emocionan Hernán Díaz, Sergio Goycochea, Matías Almeyda, el Luigi Villalba, Gustavo Zapata, el Chori Domínguez y hasta Rodrigo Mora. Pero todos son importantes.

¿Un momento de la película? Si bien a lo largo de 62 minutos hay anécdotas, mucho “detrás de escena” e imágenes que reflejan lo que fue la jornada que inundó de rojo y blanco la ciudad de Buenos Aires, el momento más emotivo es la concreción del esfuerzo. Que se da cuando el escribano Andrés Bello –quien da su testimonio en la película- certifica el metraje de la bandera. Ahí estalla el grito desde el corazón, las lágrimas, los abrazos, tanto esfuerzo contenido a lo largo de 9 meses. Más aún cuando hubo que subir el “trapito” al camión que la llevaría hasta Tagle y Alcorta, donde se edificó una “puerta” simil a la del viejo estadio del “Millonario”.

Claro, el detalle es que la bandera, confeccionada metro a metro o de a cientos de metros, pesaba unos 2,500 kilos. Es decir, dos toneladas y media. La única manera de subirla sin hacer esfuerzos sobrehumanos era con poleas. Claro, no había. Nadie pensó que iba a pesar eso.

Entonces, con vallas, las mismas que se usan para “contener” a la gente en los días de partidos, se utilizaron como “palancas” para, con el esfuerzo de 200 tipos cansados ya, ir subiendo, de a poco, como una serpiente roja y blanca gigantesca, a la bandera al camión. Cuando se subió, cuando estuvo adentro, ahí estalló el júbilo. De verdad, eh. Vale la pena ver la imagen.

Lo que costó armar la bandera, subirla al camión, el esfuerzo que consumió hacer el proyecto, que fue nacional y apolítico, está resumido en esa secuencia, que dura unos minutos. La fiesta, la procesión, la locura que se desató en las calles no hubiese sido posible sin ese esfuerzo monumental como el estadio para cargar el “trapo”. En eso se resume todo: la pasión, el fervor, la pasión y el amor. Amor por los colores, amor por el club, amor por el amor en sí. Todo por River. Todo por un club. Todo por mucho más que un club. Al menos así lo demuestran esos que aparecen en la película.

¿Cómo explicar el fenómeno de “La Bandera Más Larga del Mundo”? Los ídolos hablan de la gente, la gente habla de “la gente de River” y los medios, en Rusia, Lituania, Brasil y Francia se maravillan con semejante muestra de amor, que llenó el estadio sólo porque sí, sin ningún evento deportivo que lo justifique. Eso es River.

Eso es el River que nació y se gestó cuando la camiseta, la gloria, el fútbol quedó por el piso. Hubo que levantar otras banderas. Banderas que no se conocían, banderas a las que nunca hubo que recurrir. Pero que estaban, eh. Claro que estaban. Millones y millones de corazones latiendo en todo el país lo demostraron. ¿Ustedes no lo creen? Bueno, miren “Esos colores que llevas” y hablamos.

Mañana, no te pierdas la nota con Fede Peretti, el director de "Esos Colores que Llevás", en exclusiva, en Rock 'N Ball

7829, 74 metros. Es un número, por supuesto. Es, además, el metraje exacto de “La Bandera Más Larga del Mundo”, la que River le mostró a la Ciudad toda el pasado 8 de octubre de 2012, en época de vacas flacas, y recién retornado del infierno de la B Nacional.

La jornada, vivida con la intensidad con la que se viven esas que son irrepetibles, únicas, memorables, quedó en las retinas de cada una de las más de 130 mil almas que llevaron el trozo de bandera como si de un testigo de amor eterno se tratara. A lo largo de casi 8 kilómetros mujeres, niños, ancianos, carritos de bebés, embarazadas, grupos de amigos caminaron, aferrados a un trozo de tela que se elaboró en su mayoría a 90 kilómetros de la Capital Federal y que fue la ofrenda de amor puro, incondicional, inagotable que esas personas le hicieron a River. Un River que venía pisoteado, siendo objeto de burlas y convertido en el hazmerreír del fútbol argentino. Se le puso el pecho, se le puso pasión, se le puso ganas y se le puso pertenencia. Mucho sentido de pertenencia.

Bueno, de eso se trata “Esos Colores que llevas”. La película que Federico Peretti realizó sobre esa jornada histórica pero, también sobre la previa. Sobre los locos que cargaron miles de metros de tela arriba de un auto desde Zárate a Capital una y otra vez. De la embarazada que se aferró a la tela en Tagle y Figueroa Alcorta y recién la soltó cuando llegó al Monumental. De aquel anciano que, sostenido en su bastón, lloraba, lloraba y lloraba. Sin saber porque o sabiendo muy bien porqué. De los nenes, esos que no vieron el River glorioso que sus viejos y abuelos les cuentan. De los que tienen 30 y algo, esos que conocen ambas caras de la moneda. De todos. De River. De la pasión que no entendió de categorías. Ni de Promociones. Ni de inclemencias. De nada, sólo de amor a la camiseta. La banda roja. El blanco y el rojo, esos colores que llevás, bah.

El gran mérito de Peretti –más que mérito es una búsqueda a conciencia- es haber puesto, a la misma altura, a Enzo Francescoli, con cualquiera de los cientos de voluntarios que participaron, para armar lo que más que un documental o una película es una historia de amor. De amor a los colores, a River, y a una pasión centenaria.

Más allá de la palabra de los hinchas, los que recaudaron la tela para la bandera, los que pusieron horas y horas de su tiempo a disposición del sueño que soñó antes que nadie Eric Gorski, también hay testimonio de los grandes ídolos de River: Enzo Francescoli, Ariel Ortega, Norberto Alonso y Amadeo Carrizo son los que llevan la voz cantante, aunque también hablan y cuentan y se emocionan Hernán Díaz, Sergio Goycochea, Matías Almeyda, el Luigi Villalba, Gustavo Zapata, el Chori Domínguez y hasta Rodrigo Mora. Pero todos son importantes.

¿Un momento de la película? Si bien a lo largo de 62 minutos hay anécdotas, mucho “detrás de escena” e imágenes que reflejan lo que fue la jornada que inundó de rojo y blanco la ciudad de Buenos Aires, el momento más emotivo es la concreción del esfuerzo. Que se da cuando el escribano Andrés Bello –quien da su testimonio en la película- certifica el metraje de la bandera. Ahí estalla el grito desde el corazón, las lágrimas, los abrazos, tanto esfuerzo contenido a lo largo de 9 meses. Más aún cuando hubo que subir el “trapito” al camión que la llevaría hasta Tagle y Alcorta, donde se edificó una “puerta” simil a la del viejo estadio del “Millonario”.

Claro, el detalle es que la bandera, confeccionada metro a metro o de a cientos de metros, pesaba unos 2,500 kilos. Es decir, dos toneladas y media. La única manera de subirla sin hacer esfuerzos sobrehumanos era con poleas. Claro, no había. Nadie pensó que iba a pesar eso.

Entonces, con vallas, las mismas que se usan para “contener” a la gente en los días de partidos, se utilizaron como “palancas” para, con el esfuerzo de 200 tipos cansados ya, ir subiendo, de a poco, como una serpiente roja y blanca gigantesca, a la bandera al camión. Cuando se subió, cuando estuvo adentro, ahí estalló el júbilo. De verdad, eh. Vale la pena ver la imagen.

Lo que costó armar la bandera, subirla al camión, el esfuerzo que consumió hacer el proyecto, que fue nacional y apolítico, está resumido en esa secuencia, que dura unos minutos. La fiesta, la procesión, la locura que se desató en las calles no hubiese sido posible sin ese esfuerzo monumental como el estadio para cargar el “trapo”. En eso se resume todo: la pasión, el fervor, la pasión y el amor. Amor por los colores, amor por el club, amor por el amor en sí. Todo por River. Todo por un club. Todo por mucho más que un club. Al menos así lo demuestran esos que aparecen en la película.

¿Cómo explicar el fenómeno de “La Bandera Más Larga del Mundo”? Los ídolos hablan de la gente, la gente habla de “la gente de River” y los medios, en Rusia, Lituania, Brasil y Francia se maravillan con semejante muestra de amor, que llenó el estadio sólo porque sí, sin ningún evento deportivo que lo justifique. Eso es River.

Eso es el River que nació y se gestó cuando la camiseta, la gloria, el fútbol quedó por el piso. Hubo que levantar otras banderas. Banderas que no se conocían, banderas a las que nunca hubo que recurrir. Pero que estaban, eh. Claro que estaban. Millones y millones de corazones latiendo en todo el país lo demostraron. ¿Ustedes no lo creen? Bueno, miren “Esos colores que llevas” y hablamos.

Mañana, no te pierdas la nota con Fede Peretti, el director de “Esos Colores que Llevás”, en exclusiva, en Rock ‘N Ball