¿Cómo se hace para explicar el espectáculo “The Wall Live”? ¿Es posible? ¿Cómo logra un show que hasta tiene “intermedio” para lograr sorprender a quien lo ve aún a sabiendas de cómo es el set list y de cómo serán los sonidos que se escucharán? Bueno, lo logra. Quizás allí radique el éxito de este Roger Waters y de su “muro“. El disco salió a fines de los ’70 y el espectáculo sufrió varias “metamorfosis” a lo largo de los años.
Este que llegó al Monumental es perfecto. Desde la puesta, un muro gigante que tapa toda la Centenario, hasta los efectos, que realmente hacen que el cine de 3D parezca un chiste de mal gusto. Ni hablar del sonido. Por primera vez en la historia, había columnas de audio en las plateas altas y en la general. En total, unas 13 columnas poblaban el Monumental, haciendo que el avión o helicóptero, o la ametralladora o esas “transiciones” entre tema y tema, que dan color y sentido a “The Wall” se escucharan de una manera impactante.
Un despliegue descomunal se ve desde “In The Flesh?“, cuando fuegos artificiales parten de todo el escenario y el sonido hace crujir a River. “The Thin Ice” convierte al Muro en un recordatorio de fotos de personas, que, de a poco, se van iluminando y luego en aviones y bombas que arrojan logos de marcas y algunas símbolos de religiones. Sí, el mensaje es anticapitalismo total. La aparición del riff de bajo “Another Brick in The Wall Part 1” nos indica, definitivamente, dónde estamos.

“The Happiest Days of our Live” convierte el muro en un océano rojo y con un efecto impactante “¿Eso es un muro o un oceáno? ¿Dónde estamos? Con “Anothe Brick In The Wall Part II”, aparece en escena el profesor, un muñeco gigante, con luces en los ojos, símil al de la película. Vale hacer una aclaración: Es recomendable haber visto la película de Alan Parker antes del show, el mismo utilizó muchos guiños, animaciones y partes de la pieza en que Bob Geldof interpretó al lunático “Pink“.
“Mother” estremeció a River, y fue el tema que le siguió a las palabras que dio en un forzado Castellano Roger, que dedicó el show del sábado a las Madres de Plaza de Mayo y a Ernesto Sábato y mencionó: “Gracias a ellos hoy podemos decir, Nunca más”.
En la parte que Roger pregunta si hay que confiar en el Gobierno, de un lado del muro dice “No Fucking Way” y, del otro dice “Ni en pedo”. Sí, un guiño. “Good Bye Blu Sky” fue sencillamente hermosa, como lo es el tema en general, claro. Animaciones en todo el Muro, un efecto encantador. El muro, vale aclararlo, encandila. No se puede dejar de observar ni un minuto.
Incluso Waters, en su rol “Pink” pasa desapercibido. Claro, es tan imponente lo que lo rodea, que no importa. Es más, pocos se dan cuenta de que el Muro se va llenando y que, cuando llega el “intervalo”, esta completo.
Después llega el bloque de la adolescencia y el momento en que “Pink” conoce a su mujer, quien también es un personaje central en su cabeza atormentada: “Empty Spaces”, “Young Lust” (Con imágenes de mujeres semi y desnudas), “One of My Turns”, “Don’t Leave Me Now”, “Another Brick in the Wall (Part III)” y “Goodbye Cruel World”, que es cuando “Pink” decide refugiarse dentro del muro que fue construyendo con sus temores y paranoias.
Toda la psicodelía y el constante bombardeo a los sentidos, se convierte en mucho más intimista durante “Hey you”, uno de los mejores momentos del show, cuando Pink se pregunta si alguien quedó ahí afuera. Llegando casi al climax del show “Is There Anybody out there?” y el momento, quizás, más íntimo es cuando Waters, sentado en el sillón de Pink, entona el “Nobody home”.
“Vera” emociona y ni hablar del “Bring Boys Back Home” que sirve como perfecto interludio para la bellísima “Comfortably Numb”, en la que Waters comienza a abrir el muro, mientras Dave Kilminster rememora y, además, emula uno de los solos más memorables de toda la historia. Vale también destacar a Jon Carin quien hacen las partes de David Gilmour en las voces y lo hace, realmente, muy bien.
Para el cierre del show, hay un Waters encendido en su rol de dicator, que hasta dispara una ametralladora contra todo River. También hay un tema disco como “Run Like Hell” que es un impresionante despliegue de animaciones y, sobre todo, de música. Suena ajustadísima esa versión. No vamos a contar mucho sobre el final, dado que aún quedan ¡seis shows más!. Pero hay que ir.
“The Trial”, el climax de la obra -Sí, nada de concierto- impacta por el sonido y por un Waters que, subido a una pequeña tarima, escucha la “sentencia”. No vamos a contar más, sólo diremos que el show es magnífico. No existen una cantidad de caracteres capaz de reproducirlo.
No vale, tampoco, gastarse demasiado. Es un show que hay que ver, que hay que disfrutar. El consejo es sencillo: oídos preparados para un sonido arrollador, ojos atentos para no perder detalle del “Muro” que es el show en sí mismo. Un show, una puesta, que estimula, durante poco más de hora y media, los cinco sentidos.



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