Una vieja máxima futbolera, cuasi un salmo religioso, dice que las finales son feas, cerradas, que dominan los nervios y los equipos que llegan aplastantes hasta ellas se ven reducidos, “afectados” por lo que significa jugar el partido definitorio. Bueno, puede ser. Sin embargo, el Bayern Münich y el Borussia Dortmund hicieron trizas esa afirmación y armaron una finalísima de altísimo voltaje, enorme cariño por el juego y de yapa, grandes individualidades. Un partidazo. Y en una final de europa. Sí, era posible.
Frenético. Así fue el arranque del Borussia Dortmund. Sin Mario Götze, lesionado y futuro jugador del Bayern Münich, Jürgen Klopp armó un 4-4-1-1 que, lejos de ser defensivo, potenció las virtudes de su equipo. Los extremos abriendo la cancha continuamente y Marco Reus y Robert Lewandovski llevando peligro a las narices del genial Neuer.
Neuer, precisamente, debió tapar en 25 minutos tres llegadas claras propiciadas por el delantero polaco del equipo de Dortmund. Sí, el equipo más “humilde” salió a atropellar a su rival y lo consiguió, pero no le pudo anotar. El Bayern tardó, pero apareció en cancha. Thomas Müller y el croata Mario Mandzukic inquietaron a Roman Wiedenfeller, pero ninguno como Arjen Robben.

El holandés, que hasta la noche de hoy en Wembley tenía un karma con las finales -Final del Mundial 2010 con Holanda, final de Champions 2011 con el Bayern vs el Chelsea– tuvo el primero para su equipo, pero Weidenfeller con el cuerpo, las manos y hasta la cara le ahogó el grito. El 0-0 del primer tiempo fue injusto para los dos. El vértigo, la batalla táctica que estaban librando y el ritmo del juego desplegado merecía al menos dos goles. Uno para cada lado.
El desgaste que hizo el Dortmund se notó en el segundo tiempo, cuando desde lo indescifrable de la gambeta de Ribery, la conducción de Robben y la amenaza constante de Müller-Mandzukic, el Bayern creció. De pronto, la conducción de Gundögan comenzó a mermar, Lewandoski quedó más aislado y Reus debió desdoblar sus tareas. El Bayern aprovechó.
Iban 14 del segundo tiempo cuando Ribery la tomó sobre la izquierda, enganchó para adentro, lo salieron a marcar Subotic, Hummels y Piszczek. Fitró la pelota con una sensibilidad Spinetteana y dejó a Robben frente al arquero. Esta vez el “10” no buscó su gol. Arrió al arquero, lo superó y mandó el centro atrás. Schmelzer ensayó una pirueta pero nada pudo hacer para evitar que el Croata Mandzukic la mande al fondo del arco. Gol del Bayern. Y cómo estaba el partido parecía complicado para el equipo de Klopp.

Sin embargo, el Dortmund no se desesperó. Consciente de las virtudes que lo despositaron en Wembley siguió apostando por el juego asociado y la pausa. Saliendo desde abajo con la pelota al piso, arrimándola al medio para que Gündogan y Blaszczykowski condujeran. Así llegó la igualdad. Pelota para Reus, encaró a Dante que lo bajó con un plachazo evidente cobrado por el árbitro Nicola Rizzoli. Penal y chance de empate.
Iban 22 del ST cuando IllKay Gündogan impulsó el tiro penal con una delicadeza envidiable. Sangre fría en el mejor momento. Nada que hacer para el genial Neuer y un 1-1 que se mostraba mucho más justo que el 1-0 a favor del Bayern, sobre todo por lo hecho en el primer tiempo.
Pero el Dortmund, que no hizo cambios pensando en el alargue, pagó caro el despliegue del primer tiempo. El Bayern mostró el mismo rígor físico con el que pulverizó al Barcelona de Messi y atacó al Dortmund por todos lados. Subía Robben, subía Ribery, acompañaba Schweinsteiger, de partido regular y hasta se sumaban Boateng y Lahm. Todos al ataque. Todos al servicio del espectáculo y la Champions, claro.
La defensa del Dortmund fue muy digna, pero el Bayern lo tuvo. Müller se le escapó a Subotic y Mandzukic lo perdió. Robben se aturulló y otra vez le ganó el duelo Weidenfeller. E incluso, Müller dejó en el piso al arquero, definió suave, mitad centro, mitad tiro y el propio Robben, con una tibieza impropia del fragor con el que los 22 estaban jugando, le permitió al serbio Subotic realizar un cierre que va derecho a la galería de momentos Top del 2013.
“Si no entró esa…”, pensaron todos en el estadio. Desde Klopp, que guardaba cambios para el alargue y Heynckes que maldecía la suerte del Bayern y de Robben. El 1-1 parecía sellado a fuego, parecía que la mejor final de la Champions desde aquel inolvidable 3-3 entre Milan y Liverpool en 2005, marchaba inexorablemente rumbo al alargue, pero algo pasó.
Pasó que el Dortmund falló en un pelotazo frontal, pasó que el tacazo de Ribery, único recurso ante la marca estampillada del número 29, Schmelzer se desvió en este y le quedó a Robben. Pasó que el holandés, en puntas de pie entró al área y, primero se la llevó, después superó la marca de Subotic con un toque exquisito y cuando Roman Weidenfeller se disponía a taparle el ángulo, la acarició como sólo lo hacen los cracks, con un toque de distinción de su zurda sensible. La pelota superó al arquero y entró, muy despacito, mientras un arrodillado Subotic veía como el sueño de levantar la orejona se esfumaba ante sus ojos sin que él, ni ninguno de sus diez compañeros pudiera hacer nada. Mucho menos Mario Götze, uno de los principales responsables de poner al Dortmund en Londres que no pudo jugar la gran final y, encima, ya se iba del equipo para jugar, precisamente, en el equipo cuyo “10” acababa de enterrar el sueño de conquistar Europa.

Fue 2-1 nomás, y chau mufa (o cómo titulamos Auf Wiedersehen Müffen) . Fue la revancha de Arjen Robben, quien sufrió a Casillas y el año pasado a Cech. Un hombre que, en finales, parecía no poder, pero hoy se descolgó con un golazo enorme para liquidar al Dortmund y darle la quinta copa de Europa al Bayern, sobre 10 finales disputadas. Fue la revancha del propio Heynckes y del Bayern todo, luego de perder la copa el año pasado, en su estadio, ante un amarrete Chelsea en la lotería de los penales. El Bayern lo mereció el año pasado y lo merecía este. Por eso es justo campeón.
El Dortmund tendrá una prueba dura. Deberá demostrar y demostrarse si llegó para quedarse a pelear un lugar en la mesa de los grandes de Europa o si esta actuación -superlativa- que incluyó eliminar al Real Madrid de Mou en semis, fue el producto de una temporada en la que convivieron el genio talentoso de Götze, la potencia goleadora de Lewandovski y la disciplina táctica de todo un equipo orquestado por el genio de Jürgen Klopp.
¿De desafíos hablamos? Bueno, ¿cómo mejorará Pep Guardiola a este Bayern? Campeón de Europa, Campeón de la Bundesliga y con una final de Copa Alemana por jugar. ¿Se puede hacer mejor? ¿Se puede hacer más imbatible a un equipo que ganó el torneo de su país con más de 20 puntos de ventaja? ¿Qué pulverizó al Barcelona en semifinales? ¿Se puede? Bueno, eso deberá responderlo Pep y su trabajo.
Pero hoy no es noche de preguntas, ni mucho menos de respuestas. Es noche de revanchas y noche de disfrute. Del Bayern y del Borussia. Uno porque confirmó con un título un nivel sostenido,el otro porque, apostando a jugadores jóvenes, potenciando lo propio y dejando todo en manos de Klopp logró volver a pelear- en serio- por el cetro mayor en Europa. Desde acá, a miles de kilómetros, vaya un “gracias por el fútbol” para los dos equipos. Sólo dos equipos enormes pueden armar una final en la que las especulaciones, los miedos y el amarretismo quedan en el vestuario. Bayern y el Dortmund lo prometían. Y cumplieron.



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