Pablo Silvera vuelve a la Argentina con Mota, para reencontrarse con un público con el que mantiene un vínculo construido durante años. La banda uruguaya tendrá distintas presentaciones en el país: estará en Muddy’s Club, localidad de Ituzaingó, este viernes 2 de octubre, con un show propio donde se recorrerán las distintas etapas del conjunto, y también se presentará en el Festival Vagamundos, el próximo 3 de octubre, cual cual tendrá lugar en el Centro Cultural Matienzo, Ciudad de Buenos Aires.

El regreso no se explica solamente desde lo musical. Para Silvera, buena parte de la posibilidad de cruzar el Río de la Plata tiene que ver con los vínculos que se fueron construyendo con artistas, productores y amigos argentinos. “Es caro para nosotros cruzar, así como para ustedes venir. Para cualquier banda numerosa es caro”, explica. Por eso, cada fecha aparece como el resultado de una red de contactos y amistades que permite que el intercambio siga sucediendo. “Prefiero más ir a buscar aventuras, disfrutar con mis amigos y conocer gente”.
La nueva visita encuentra a Mota, además, en pleno proceso creativo. La banda terminó cerca de veinte maquetas, cuenta Pablo, de las cuales solo diez formarán parte de su segundo álbum. El material todavía está en etapa de preproducción y será trabajado junto a Gastón Ackermann, tecladista y trompetista de la banda, además de productor del primer disco.
El nuevo trabajo continuará una característica que atraviesa la forma de componer de Silvera: la convivencia de distintos géneros. Hay una raíz marcada por el sonido de los noventa y el punk, pero también aparece con mayor fuerza el reggae, una parte de su historia musical vinculada directamente con Once Tiros. Aunque las nuevas composiciones ya existen, todavía no serán parte de las presentaciones en vivo de la banda.
El artista reconoce que le gustaría tocar material inédito, pero también entiende que hoy mostrar una canción antes de tiempo implica exponerla a una circulación inmediata. Antes, una canción nueva quedaba solo en la memoria de quienes habían ido a un recital. Hoy cualquier fragmento puede ser registrado y circular en cuestión de minutos. “Con filmar todo todo el tiempo, y que todo el tiempo esté dando vueltas, implica que capaz mostrás algo que tampoco está terminado, que no estás seguro, que puede ser que cambie, explica.
El plan es esperar. El músico estima que los primeros adelantos del segundo disco podrían aparecer entre febrero y marzo del próximo año, una vez pasado el verano. Mientras tanto, Mota seguirá trabajando sobre esas canciones que todavía están abiertas a modificaciones. “Son muy pocas las que creemos que ya están cerradas”, dice.
La posibilidad de sumar invitados tampoco está descartada para el futuro, aunque el álbum, en principio, sería grabado por la propia banda. Silvera imagina las colaboraciones como una instancia posterior: canciones ya publicadas que puedan volver a cobrar vida en nuevas versiones, como ocurrió anteriormente junto a Lula Bertoldi.
Ese vínculo con Argentina tiene además una dimensión que trasciende las canciones. “La intensidad te la va a decir desde Agustina hasta Madonna. Te van a decir que el público argentino tiene esa particularidad de vivir con fervor, de todo, en verdad. No es solo la música“, nos cuenta.
El público uruguayo, según su mirada, suele tener una actitud más observadora y exigente, mientras que del otro lado del río encuentra una disposición distinta: gente que llega a los recitales con ganas de descubrir, cantar y dejarse llevar por la experiencia. También hay códigos que cambian al cruzar la el charco. Canciones que pueden tener un significado determinado en Uruguay adquieren otro en nuestro país, ya sea por cuestiones políticas o culturales, y algunas terminan siendo cantadas con una intensidad que sorprende incluso a quienes las escribieron.
En ese intercambio, Mota encuentra también una forma de ampliar su propio universo. La banda no busca encerrarse en una única etiqueta y esa amplitud aparece tanto en las canciones como en las referencias que reconoce a la hora de hablar de música.

Entre las colaboraciones soñadas aparece una banda argentina que forma parte de su propia historia: Los Fabulosos Cadillacs. La relación no es casual. Silvera creció escuchando esa mezcla de ska, reggae, rock y otros géneros que también atraviesa su manera de entender una canción. “Me parece que hay mucho de Los Once Tiros y mucho de Mota en lo que hacían Los Cadillacs: pasar muy rápido a un ska, a un reggae, hacer una balada, como muy empujados de los géneros.”
Y justamente ahí aparece una de las claves de Mota: no ser “ni de onda” una banda homogénea. “Por suerte es difícil que sea una banda homogénea, es importante que cada uno más o menos dispare para diferentes lugares.”
Entre esas distintas direcciones se termina construyendo el sonido de un proyecto que todavía está en auge. Mientras el segundo disco empieza a tomar forma y las nuevas canciones esperan su momento para salir, Mota vuelve a cruzar el río. Esta vez, con canciones conocidas, otras todavía guardadas y una historia compartida con un público que los conoce desde hace mucho.





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