En una época donde el éxito musical parece medirse en likes, viralidad instantánea y algoritmos que dictan quién “la pega” y quién no, la historia de Agustín Ruiz Panelo funciona como un cable a tierra necesario. A sus 35 años, Agustín es el percusionista de NAFTA y de Alan Sutton y Las Criaturitas de la Ansiedad, dos de los proyectos más frescos, complejos y convocantes de la escena actual argentina.

Pasa de tocar en un Luna Park o un Movistar Arena a caminar desapercibido entre el público apenas termina el show. Pero su recorrido rompe por completo con el manual tradicional de la industria: no pasó por instituciones formales, empezó a tocar la percusión recién a los 22 años de manera autodidacta y, por si fuera poco, mantiene un trabajo administrativo de lunes a viernes para llegar a fin de mes.

En esta entrevista íntima, habla sin cassette sobre la cruda realidad económica del músico intérprete, la delgada línea entre la popularidad y el arte genuino, y por qué el verdadero secreto del groove no pasa por tocar todo el tiempo, sino por saber cuándo hay que hacer silencio.

RNB – ¿Cuándo y cómo empieza tu amor por tocar un instrumento? ¿Te imaginabas dentro de una
banda y tocando seguido?

ARP – En mi casa se escuchaba mucha música, pero nadie tocaba ningún instrumento. Había
una guitarra que aprendí a tocar de manera autodidacta, aproximadamente a los 12 años,
aunque más que nada lo hacía para pasar el rato. En algún momento también tomé
algunas clases sueltas de batería, pero la cosa quedó ahí.

Diez años después, a mis 22, fue cuando realmente empecé a profundizar en la música. Me reencontré con un amigo de toda la vida que venía de viajar por Latinoamérica cantando y tocando la guitarra. A partir de ese encuentro retomé el contacto con el instrumento, empezamos a tocar juntos y formamos una banda llamada Kachimba. Ahi conocí a Manu Ocampo, percusionista de la banda y hoy un hermano del alma. Recuerdo que, cuando lo vi tocar los bongós, quedé enloquecido y le pedí que me
enseñara. Y ahí comenzó todo.

Al año dejé la guitarra, me fui de Kachimba y empecé este camino hermoso con la percusión. Hasta mis 22 años ni siquiera se me había cruzado por la cabeza dedicarme a esto. Siento que todo se fue dando de una manera muy orgánica.

RNB – Desde tus inicios hasta llegar a Nafta y Alan Sutton, imagino que tocó atravesar todo
tipo de momentos, ¿recordás alguno en particular que te haya marcado?

ARP – Creo que una de las cosas más lindas de la música es que te marca constantemente. Cada nueva experiencia tiene algo de primera vez y viene acompañada de una emoción tremenda, por eso me cuesta elegir un momento en particular. Siento que todo el tiempo vas desbloqueando cosas.

Me acuerdo de la emoción de tocar por primera vez para más de 500 personas, subirme al primer micro de gira, hacer la primera gira latinoamericana, empezar a participar en festivales, el primer Gran Rex, la
primera gira europea, el Luna Park, ganar un Gardel, los Movistar Arena… y lo más loco es que muchas de esas cosas, en algún momento de mi vida, ni siquiera formaban parte de mis aspiraciones. No eran sueños que estaba persiguiendo porque directamente no imaginaba que fueran posibles.

También creo que con el tiempo cambia un poco la manera en que vivís esos logros. Al principio todo es descubrimiento, todo te sorprende. Después vas ganando experiencia, pero aparecen desafíos nuevos que te siguen movilizando. Y eso es lo mas lindo, no importa cuántas cosas hayas vivido, siempre puede aparecer una experiencia que te vuelva a generar esa emoción.

RNB – En pocas palabras, ¿podrías definir ambos proyectos musicales? ¿Cómo describirías el sonido de cada uno?

ARP – NAFTA es una banda con una identidad sonora muy marcada, tiene raíces en el soul, el R&B y el funk. Tiene un sonido muy cuidado, donde el Groove es de vital importancia. Lo veo como una propuesta que busca transmitir desde la música misma, con mucho protagonismo de los arreglos y que cada instrumento tenga su lugar y momento adecuado, por ejemplo, en el tema “Vení Mirá” toco un Barchime (la cortina de palitos metálicos) una sola vez literalmente, pero el momento es perfecto para que tome
protagonismo.

Mientras que Las Criaturitas es un proyecto mucho más difícil de encasillar. Se mueve entre el rock, el pop, la canción de autor y distintas exploraciones sonoras. Según mi forma de verlo tiene una identidad muy ligada a la palabra, con letras introspectivas, ironía, humor e impronta teatral. Cada canción puede llevarte a un lugar completamente distinto.

Creo que lo lindo de tocar en ambos proyectos es justamente eso, que me invitan a explorar formas diferentes de entender y acompañar la música. Son dos universos muy distintos, pero los dos tienen algo en común: una identidad artística muy propia.

Foto: gentileza del entrevistado.

RNB – La percusión en una banda no siempre recibe todos los elogios que podría recibir, ¿qué nos podrías contar sobre el rol de un percusionista dentro de un conjunto?

ARP – Creo que pasa un poco eso porque la percusión es un universo inmenso que mucha gente desconoce. Muchas veces, cuando digo que soy percusionista, me preguntan: “Ah, ¿tocas la batería?” Y tampoco los culpo, es un mundo enorme, con una diversidad increíble de instrumentos y sonidos.

El rol del percusionista cambia muchísimo según el género. En una banda de son cubano, por ejemplo, la percusión es parte de la columna vertebral de la música junto con el bajo. En otros estilos puede tener un papel más sutil, aportando texturas, movimiento, acentos o detalles.

Para mí, una de las cosas más interesantes de la percusión es justamente esa versatilidad. Podes ser protagonista, acompañar o simplemente intervenir en un momento muy específico de una canción. Y creo que una parte importante es aprender a escuchar, entender qué necesita cada tema. A veces, una intervención de dos segundos puede aportar muchísimo más que estar tocando durante toda una canción.

En definitiva, creo que ser un buen musico no pasa solamente por saber tocar muchos instrumentos o tener una gran técnica, sino también por desarrollar el criterio musical para saber qué tocar, cómo y, sobre todo, cuándo no tocar.

Foto: gentileza del entrevistado.
Cortesía prensa Agustín Ruiz Panelo

RNB – ¿Cómo te llevas con la exposición? ¿Le das importancia a los comentarios o likes en redes sociales?

ARP – La verdad es que la exposición es algo que todavía me cuesta bastante. Es un tema que incluso he trabajado en terapia, porque nunca terminé de sentirme del todo cómodo con eso. Por eso disfruto mucho el lugar que ocupo dentro de las bandas.

Tengo la posibilidad increíble de tocar frente a miles de personas, vivir experiencias enormes arriba de un escenario y, cuando termina el show, bajar y mezclarme entre el público sin que prácticamente nadie me reconozca. Puede sonar contradictorio formar parte de dos proyectos con tanta exposición y, al mismo tiempo, preferir mantener un perfil bajo, pero creo que una cosa es disfrutar de hacer música frente a mucha gente y otra muy distinta es disfrutar de ser el centro de atención.

Con las redes sociales me pasa algo parecido. Soy bastante colgado, no estoy pendiente de los likes ni de los comentarios y tampoco soy muy activo publicando contenido. Entiendo que hoy son una herramienta importantísima para cualquier músico y que, por el lugar que ocupo, podría aprovecharlas mucho más. Últimamente, estoy intentando amigarmе un poco con ese mundo y animarme a mostrar más de lo que hago, pero todavía es algo que no me sale demasiado natural.

RNB – En términos laborales, ¿cómo ves el panorama para un músico hoy por hoy en Argentina? ¿Qué cambiarías?

ARP – Es bravo. Creo que el panorama laboral para un músico en Argentina es bastante complejo, sobre todo para quienes somos intérpretes. Para poder vivir exclusivamente de tocar, generalmente tenes que formar parte de proyectos muy masivos, y aun así, es una actividad bastante irregular. Podes tener un año de 40 o 50 shows y, al siguiente, tocar cinco veces porque la banda está en pleno proceso de producción de un disco nuevo. Entonces es muy difícil proyectar cierta estabilidad económica.

Hay una diferencia importante entre quienes componen y los músicos. El compositor tiene la posibilidad de generar ingresos a través de los derechos de autor, independientemente de la cantidad de shows que haga la banda. Eso hace que, dentro de un mismo proyecto, quien compone tenga generalmente más posibilidades de vivir exclusivamente de la música antes que el resto de los integrantes.

Una de las alternativas más habituales para complementar los ingresos es la docencia, pero en mi caso nunca terminé de encontrarme en ese rol. Por eso, en paralelo a las dos bandas, tengo un trabajo administrativo de lunes a viernes. Y creo que ahí aparece una de las grandes dificultades de nuestra profesión: incluso formando parte de proyectos con bastante recorrido, muchas veces necesitas sostener otra actividad laboral para llegar a fin de mes.

Si pudiera cambiar algo, me gustaría que existieran más oportunidades y mejores condiciones laborales e institucionales para los músicos. Que haya más espacios donde tocar y una mayor valoración del trabajo del intérprete.

RNB – Recientemente, tanto Alan Sutton como Nafta han crecido mucho en términos de masividad, Creen esta tendencia se mantendrá en el corto plazo? ¿Qué nos podrías contar sobre el futuro de ambas bandas?

ARP – Sí, creo que hay motivos para pensar que ambas bandas pueden seguir creciendo. En estos años nos tocó vivir cosas increíbles, tocar en escenarios que tiempo atrás parecían impensados, recorrer otros países y ver cómo cada vez más gente se acerca a escuchar nuestra música. Igualmente, creo que el crecimiento artístico no siempre es lineal. Hay momentos de mucha actividad, giras y shows, y otros donde las bandas necesitan frenar un poco para dedicarse a componer, producir y acomodar ideas.

Personalmente, me entusiasma mucho lo que todavía tienen para dar ambos proyectos. Siento que hay muchísimo potencial y que todavía quedan muchas cosas por hacer. Respecto al futuro, prefiero no adelantar cosas que todavía no están anunciadas, pero sí creo que hay muchas ganas de seguir haciendo música.

Cortesía prensa Agustín Ruiz Panelo

RNB – Por último, ¿qué le dirías a alguien que anda con ganas de empezar a meterle a la música?

ARP – Que se rodee de músicos, que toque mucho, que estudie y que sea curioso. Que vaya a ver bandas, que escuche música de todos los géneros, que explore sonidos, que aprenda a usar herramientas de producción musical y, sobre todo, que juegue, que experimente y que no tenga miedo de equivocarse. Creo que una de las cosas más lindas de la música es que no hay un único camino para aprenderla ni para desarrollarse dentro de ella. Cada persona va construyendo su propia identidad a partir de lo que escucha, de lo que estudia y, fundamentalmente, de lo que comparte con otros músicos.

También le diría que no se obsesione tanto con llegar a algún lado. Que haga música por el placer de hacerla, por la necesidad de expresarse y por todo lo que genera compartirla con otros. Yo empecé a meterme de lleno en la música a los 22 años, sin imaginarme ni remotamente las experiencias que iba a vivir después. Y creo que eso también es algo hermoso: nunca sabés adónde te puede llevar.

Después, con constancia, disciplina y un poco de suerte, las oportunidades pueden empezar a aparecer. Pero lo fundamental es disfrutar del proceso y no perder nunca esa curiosidad y ese entusiasmo que te llevaron a agarrar un instrumento por primera vez.

Para quienes quieran experimentar en vivo el virtuosismo rítmico de Agustín, la agenda de los próximos meses viene cargada. Por un lado, NAFTA llevará todo su groove de soul, R&B y hip-hop al escenario el 26 de noviembre en Buenos Aires, para luego cruzar la cordillera y reencontrarse con el público chileno el 28 de noviembre en Santiago de Chile. Por su parte, Alan Sutton y las Criaturitas de la Ansiedad dirán presente en la provincia de Córdoba el 7 de diciembre, cuando compartan una fecha muy especial junto a Los Caligaris en el Quality Espacio. Una oportunidad imperdible para vivir en carne propia dos universos sonoros tan distintos como fascinantes.