Catalina Ammaturo acababa de salir de una conversación especialmente difícil con su padre. Durante un almuerzo familiar, él le había advertido que no iba a triunfar en la música. Ella se contuvo, esperó a que un amigo la pasara a buscar y recién entonces se largó a llorar. Para tranquilizarla, fueron a tomar algo a un café. Cuando se acercó a la caja, la chica que la atendía la reconoció y le dijo que le encantaba su música. La escena parece guionada para una película: mientras su padre dudaba de su futuro como artista, una desconocida le demostraba que sus canciones le habían llegado a alguien.
Es precisamente ese límite entre la autobiografía y la ficción el que atraviesa “I Just Wanna Make My Daddy Proud“, el segundo álbum conceptual de Catalina Ammaturo, publicado este jueves 5 de noviembre. A lo largo de doce canciones, la artista explora las tensiones de crecer, independizarse y perseguir una vocación que no siempre coincide con las expectativas ajenas.
Nacida en Berazategui en el año 2000, Ammaturo comenzó estudiando piano clásico y llegó a la música después de construir una comunidad alrededor de su marca de indumentaria, Coolest Chicas. Desde su debut con “Chica Violeta” (2023) y el posterior EP “La Pena“ (2024), fue desarrollando una identidad que combina rock, pop alternativo y una fuerte impronta audiovisual. Su nuevo trabajo amplía esa búsqueda con sintetizadores, elementos disco y una película de larga duración que también funciona como tesis de su Maestría en Comunicación Audiovisual.
En conversación con Rock and Ball, pocos días antes del lanzamiento, admitió sentir un “miedo lindo” por la recepción del material. “Los discos los tomo como una pequeña ventanita a cierto tiempo de mi vida. Este es muy diferente a lo que hice y, a la vez, es mi universo favorito hasta ahora”, aseguró.
Una casualidad que terminó en Los Ángeles
El origen del disco estuvo ligado a la experiencia de mudarse sola, que Catalina sabía que tarde o temprano iba a transformar en canciones. Quería representar esa etapa de independencia, aunque todavía no supiera exactamente qué iba a encontrarse.
RNB — ¿Cómo surgió el concepto del disco? ¿Había canciones guardadas o apareció algún disparador?
CA — Tenía muy claro de qué quería que tratara. Yo ya sabía que para esta instancia de mi vida iba a estar viviendo sola, entonces pensé: “Como sea que sea la experiencia, quiero representar eso”. Y a medida que empecé a vivir sola fue como: “Okay, es re caótico todo esto”. Soy una nena que tiene una casa en la que puede hacer lo que quiera. A la vez fue superdivertido.
En medio de esa etapa ocurrió un encuentro bastante improbable. Una noche, Catalina escuchó a un desconocido hablando inglés en la calle y se acercó a conversar. Había tomado algunas copas y, según recuerda entre risas, pasó buena parte de la charla interrumpiéndolo para hablarle de Messi, las milanesas y el mate. Al llegar a su casa descubrió que aquel desconocido era Samuel Shea, el productor estadounidense con quien terminaría realizando el álbum.
Cuando le contó que estaba imaginando un disco llamado “I Just Wanna Make My Daddy Proud“, Shea respondió que quería producirlo. Su primera propuesta fue una base influenciada por Fiona Apple que inicialmente no terminó de convencerla. En ese momento, Catalina estaba más interesada en las guitarras “pedaleadas” y los sonidos cercanos a Cerati y Pink Floyd.
La canción quedó descartada durante un tiempo, hasta que ambos volvieron a trabajarla, modificaron su letra y probaron distintos estribillos. Terminó convirtiéndose en “Bloodline Ritual”, el segundo tema del álbum.

RNB — ¿Y cómo pasaron de conocerse en la calle a grabar juntos en Los Ángeles?
CA — Cuando lo conocí, Samuel me dijo: “Cuando estemos terminando el disco, vamos a ir a Los Ángeles a grabar las baterías allá”. Y yo pensaba: “Sí, dale, obvio, me encantaría. No hay plata”. No me lo imaginaba. Pero cuando estábamos terminándolo me dijo: “Bueno, vamos”. Me puse a vender merchandising, hice una fecha para juntar plata y conseguí bastante como para irme.
El viaje no tuvo demasiado de las fantasías hollywoodenses. Durante su estadía en Ultrasound Studios, en el centro de Los Ángeles, dormía en una pequeña sala de control, sobre un sillón tan corto que los pies le quedaban colgando. Sin embargo, recuerda aquellos días con especial cariño: el olor del piso de madera, el calor de junio y las largas jornadas rodeada de músicos que acababa de conocer.
También entabló un vínculo muy cercano con el dueño del estudio, que la llevó a recorrer la ciudad en una moto construida por él mismo. Por las noches, Catalina subía a la terraza del edificio con una guitarra y cantaba sus canciones hacia la calle. Durante ese viaje escribió siete temas y encontró cierta tranquilidad en el anonimato.
RNB — ¿Sentís que estar lejos de tu entorno habitual influyó en el proceso creativo?
CA — Totalmente. Me encontré con mucha paz en salir a la calle y no conocer a nadie, que nadie me conociera y que todo fuera nuevo. Estaba medio escondida, como que me había escapado. Me pasaba que me sentía menos sola estando sola que acompañada de mucha gente acá en Buenos Aires.
Esa sensación terminó inspirando “Y Eso Es Todo”, una canción en la que reflexiona sobre los vínculos que había dejado atrás y la dificultad de reconocer cuándo es momento de abandonar un lugar. “Por la desesperación de no quedarme sola, me quedé en lugares en los que no tenía que quedarme”, explica. El viaje, además de modificar su manera de trabajar, le permitió revisar sus propias formas de relacionarse con los demás.
Catalina Ammaturo: Una artista multifacética
La ambición del proyecto excedió rápidamente el formato musical. Además de componer e interpretar las canciones, Ammaturo escribió, dirigió, produjo y editó una película que acompaña el recorrido del álbum y forma parte de su tesis de Maestría en Comunicación Audiovisual en la Universidad Católica Argentina.
Lejos de concebir ambos trabajos como proyectos separados, sostiene que siempre los imaginó dentro de un mismo universo. Incluso cuando el disco estaba prácticamente terminado, continuaba modificando detalles. El día que lo cerraron, compuso junto a Fermín Ugarte el interludio “Substance Abuse Interlude”, que pasó del piano a un vocoder (codificador de voz) antes de ser enviado a masterizar.
RNB — ¿Cómo fue desarrollar el disco y la película en paralelo? ¿Qué te permitió contar el cine que no alcanzaba con las canciones?
CA — No sentí que estaba haciendo una cosa y la otra, sino que mi mente siempre tuvo todo muy en conjunto. Quería poner escenas exactas que viví en mi vida, que demuestran ciertas cosas importantes para que se termine de entender la historia. Me gusta editar yo, dirigir yo, guionar yo. Tengo muy claro cómo quiero que sean las cosas. Fue estresante porque fue mucho, pero disfruto hacerlo.
Hay una decisión estética particularmente reveladora también. Catalina imaginó que todo el vestuario del proyecto estuviera elegido por su versión de cinco años. Los colores intensos, los tacos, las plumas, los brillos y el maquillaje exagerado responden a esa búsqueda de recuperar algo de la infancia.
La película lleva ese concepto a situaciones concretas. En una de sus escenas, la protagonista regresa de una noche de fiesta y se encuentra con su versión infantil observándola. En otra parte del proyecto aparecen imágenes de Catalina recién nacida, enfrentadas a las contradicciones y comportamientos autodestructivos de su vida adulta.
“Es muy fuerte pensar que esta chica que soy hoy, que quizás se destruye de ciertas formas, es ese bebé recién nacido. Cómo cuidarme a mí como a un bebé, cuando de alguna forma todavía lo soy”, reflexiona.
Del reconocimiento paterno al perdón propio
El título “I Just Wanna Make My Daddy Proud” plantea a simple vista, la necesidad conseguir que su padre esté orgulloso de ella. Sin embargo, a medida que avanza el disco, esa búsqueda se transforma en una exploración de las distintas formas de validación y de las contradicciones que aparecen al intentar sostener una carrera artística.
Varias conversaciones reales con su padre terminaron incorporadas al guion de la película. Algunas habían sido especialmente dolorosas, como aquella discusión que precedió al encuentro con una admiradora en el café. Pero la relación también cambió durante el proceso creativo.

RNB — ¿Sentís que pudiste exorcizar algo de la mirada de tu padre sobre tu carrera haciendo este disco?
CA — Sí, se resolvió. En el Festival RADAR de Spotify vino y me dijo: “Vas a tener que hacer otro disco, pero yo ya estoy orgulloso”. Hubo un cambio muy fuerte. Hoy mi papá está grabando los videos, viene y encara las cosas de otra forma. Creo que también me gané mucho su respeto por no hacerle caso lo más mínimo.
Con el tiempo, Catalina descubrió algo que le permitió reinterpretar parte de las diferencias con él. Su madrina le contó que su padre también había querido dedicarse a la música. Entonces empezó a entender por qué había crecido en una casa llena de guitarras, amplificadores y cables. Cuando le preguntó si alguna vez había compuesto canciones, él respondió: “Nunca escribí nada lo suficientemente bueno para querer llamarlo propio”.
También descubrió que había querido estudiar cine. Para alguien que ahora desarrolla simultáneamente una carrera musical y una formación audiovisual, la coincidencia adquirió otro significado. El cierre del álbum lleva esa reflexión un paso más allá. “Empathy for My Father (And Therefore for Me Too)” propone una mirada que ya no se limita al reconocimiento paterno, sino que incorpora la comprensión y el perdón hacia uno mismo.
Curiosamente, esa transformación también ocurrió durante la escritura de otra canción: “Ain’t so Kind”. Catalina cuenta que inicialmente la había compuesto pensando en su padre, pero que terminó modificando una palabra fundamental de su estribillo: cambió “voy a perdonarte” por “voy a perdonarme”.
Ese pequeño desplazamiento terminó modificando el sentido completo del tema. La canción pasó a explorar su propia relación con el cuerpo, las inseguridades y las exigencias que había aprendido a imponerse. “Empecé a replantearme mi trato conmigo, por qué soy como soy y qué cosas del mundo que me rodea me afectan. Hasta la forma en que se creó esa canción es muy metafórica de lo que trata el disco”, señala.

La comunidad y el comienzo de otra etapa
La cercanía con su público también atraviesa su historia. Antes de publicar sus primeras canciones, Catalina ya había construido una comunidad alrededor de Cooles Chicas, su proyecto de indumentaria. Con el tiempo, ese vínculo se trasladó a la música y fue creciendo entre conciertos, lanzamientos y encuentros íntimos como sus Secret Side Shows.
Después de que aquella chica la reconociera, su padre le escribió a Catalina por Instagram para contarle lo feliz que había regresado su hija a casa por cruzársela. También le confesó que en su familia hablaban habitualmente de sus canciones.
RNB — ¿Qué creés que conecta a las personas que te siguen con tu propuesta?
CA — Creo que en parte es que soy muy sincera con lo que me sucede, con lo bueno y con lo malo. Escribo desde un lugar superpersonal, muy íntimo, y me abro mucho. Eso hace que termine encontrándome con gente que pasa por lo mismo. Una vez una chica me dijo: “Simplemente me identifico con tu búsqueda”. Fue una respuesta tan simple que me hizo entenderlo y me motiva a mantenerme siendo muy real.
Después de un año en el que fue seleccionada como artista RADAR de Spotify, llevó sus canciones a distintos escenarios y terminó de materializar su proyecto más ambicioso, Catalina prepara la presentación oficial del álbum para el miércoles 11 de noviembre en Niceto Club. La fecha contará con músicos invitados, actuaciones y recursos audiovisuales vinculados con la película.
RNB — ¿Qué vamos a encontrar en Niceto y qué te gustaría que se lleve la gente esa noche?
CA — Se va a sentir como un cierre total de todo lo que hice y de lo que viene de ahora en más. Despido muchos proyectos, hay sorpresas que planeé, invitados especiales y pequeños guiños a mis eras pasadas. También voy a hacer cosas nuevas para mis próximas eras. Creo que va a ser una noche muy movilizante por muchos motivos.
Foto: Oriana Persico




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