A las 21:00 en punto, el clima dentro del Movistar Arena no era de impaciencia sino de una expectativa casi cinematográfica. La cita del miércoles de la semana pasada se dio en un marco: formó parte de la histórica residencia de «Ecos» en Buenos Aires, una serie de 13 funciones que reunió a casi 200.000 espectadores y marcó un récord sin precedentes para un artista nacional en ese recinto, antes de continuar su recorrido por el resto de América y Europa.

Los lentes que completan la experiencia.

Cuando las luces cayeron y los primeros acordes de «Ecos» abrieron el aire, quedó claro que la velada no iba de mirar hacia atrás con melancolía, sino de atravesar un dispositivo técnico e inmersivo de nivel internacional. El arranque hilvanó sin pausa “Juego De Seducción”, “Nada Personal” y “Hombre Al Agua”, armando una arquitectura sonora envolvente antes de pasar por “Ella Usó Mi Cabeza Como Un Revólver”. Un interludio reproducido desde cinta con “Cuando Pase El Temblor” dio paso al bloque más denso del viaje: “(En) El Séptimo Día”, “Luna Roja”, “Toma La Ruta” y esa atmósfera nocturna e inconfundible que rodea a “En La Ciudad De La Furia”.

Para ese tramo, la escala del espectáculo ya había sobrepasado los límites de un escenario tradicional. En canciones puntuales, la indicación de calzarse los lentes 3D disolvía la distancia con la platea mientras la luz tomaba volumen en el aire, y las figuras de las pantallas parecían salir al encuentro del público. Fue ahí, entre “Sobredosis de TV” y “Persiana Americana”, donde la proyección de Gustavo Cerati cobró un sentido particular. No se percibió como un holograma frío ni como un simple archivo del pasado; fue una sombra elegante, una presencia etérea suspendida en el tiempo que dialogaba de igual a igual con la música en vivo.

La recta final encadenó la delicadeza de la versión MTV Unplugged de “Un Misil En Mi Placard”, el remate de “Zoom” con su outro extendido, “Planeador”, Final Caja Negra”, “Primavera 0” y el estallido de “Prófugos”. A las 22:40, el cierre entregó la postal más potente de la noche: los acordes de “De Música Ligera” (en su versión de El Último Concierto) retumbaron mientras Zeta Bosio (67) y Charly Alberti (63) tocaban arriba de plataformas individuales plantadas en pleno medio del campo. Alrededor de ellos, las pantallas central y laterales alternaban registros actuales con imágenes de época de la banda, conectando el origen con el presente.

Ecos, un show vanguardista.

Al salir a la calle, bajo la noche porteña, la sensación que queda en el ambiente es la de no haber asistido a un recital de rock convencional, la sensación que queda es que fue un espectáculo con todas las letras y que siempre, más allá del formato, serán Soda.