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La fábrica de los sueños rotos

Las desafectaciones en las inferiores de los clubes son moneda corriente y la dificultad para los juveniles es tener las herramientas para salir adelante.

Divisiones inferiores

Dedicarse solamente al fútbol es un arma de doble filo para cualquier jugador. Ni el mejor tiene asegurado el éxito y el impacto de quedar libre en inferiores de un club tiene que ser amortiguado con instrumentos que resignifiquen la vida de los chicos en plena etapa de la adolescencia.

En el 2007, con nueve años empecé a jugar en Huracán. Siempre fui titular hasta 2015 y capitán durante la mitad de esos años. En 2016 tuve pocos minutos y en noviembre me desafectaron junto a 15 compañeros más”, le cuenta a Rock ‘N Ball un juvenil de 18 años que recaló en Colegiales, equipo que compite en la Primera B Metropolitana. Buscar suerte en otros clubes es algo común, aunque él aclara que “otros dejaron de jugar para ir a trabajar o estudiar”.

No caerse anímicamente es vital en estos casos en los que empiezan las preguntas y los autocuestionamientos. “No se me cruzó por la cabeza dejar el fútbol, pero sí me pregunté si esto era para mí”, expone este adolescente que tuvo la fortaleza mental para sacar la situación a flote.

La tolerancia a la frustración es fundamental y así lo ve alguien como Marcelo Roffe, vicepresidente de la Asociación de Psicología del Deporte Argentina y ex psicólogo de los seleccionados de fútbol de Argentina y Colombia, quien dejó sus conceptos para RNB.

La dificultad de las desafectaciones en el fútbol

Por Marcelo Roffe,  autor de once libros y profesor en la UP, UNTREF, APEFFA, UBA y DeporTEA.

Quedar desafectado en juveniles después de estar muchos años en un club es un golpe muy duro. Como diría Steve Jobs: “Es un ladrillazo en la cabeza del que es difícil recuperarse”, sobre todo cuando te lo anuncian por un cartel o por una llamada telefónica de un anónimo, de manera totalmente deshumanizada, o cuando te enterás que no te van a hacer contrato porque no te llega el telegrama, es decir que dependés del correo y nadie da la cara.

Eso es no valorar la condición humana, no entender que antes que futbolistas son personas que viven, sienten y piensan, que les pasan cosas, que tienen una identidad y un sentido de pertenencia muy fuerte con el club, donde comenzaron con ocho, nueve o diez años. Además, esta situación les desdibuja la posibilidad de cumplir el sueño y de ser futbolistas profesionales, si bien sabemos lo difícil que es porque, según la estadística, solo uno de 100 que arrancan en novena división llega a vivir del fútbol.

En estos casos, el entrenador tiene que dimensionar la parte humana. Debe explicarle al jugador, aunque al principio se llene de bronca, que su carrera no se acaba en ese club ni ese momento y que la vida continúa. Hay chicos que tienen la capacidad de resiliencia, la tolerancia a la frustración o el aprovechamiento y enfrentamiento de situaciones adversas para no sucumbir. Sin embargo, hay otros que no pueden reinventarse y muchas veces abandonan.

Por eso es fundamental que el retiro se prepare en juveniles, entre los 14 y los 20 años. En ese momento tienen que terminar la secundaria, desarrollar otro oficio y otra zona de interés, porque una lesión los puede dejar afuera o no saben si van a llegar, además de ser una carrera corta. La formación te hace más responsable, te ayuda a despertarte ante los tiburones que muchas veces son los representantes y/o dirigentes y a estar más preparado para sobrevivir en la jungla. El estudio es la llave del futuro.

Lo importante es que puedan hacer algo con su vida, tener un oficio/trabajo y aspirar a algo más que repartir pizzas o empanadas, camino que toman muchos chicos que abandonan. Ese es el desafío y para cumplirlo tienen que estar comprometidos todos los actores del futbol: entrenadores, dirigentes, futbolistas, preparadores físicos, médicos, psicólogos, trabajadores sociales, etc.

Es cierto también que reina mucha hipocresía. Alguna vez a Juan Manuel Herbella, ex futbolista, un entrenador de Vélez le dijo que tenía que dejar de estudiar y él le contestó que iba a ser médico y jugador. El DT lo empujó para que se pida el pase y Herbella se fue. Por suerte hizo una carrera excelente, jugó en muchos clubes, es médico y periodista deportivo. No obstante, hay que entender que no siempre es así. La mayoría de técnicos les plantean a los chicos la falsa dicotomía de “o jugás o estudiás” y ellos, como eligen la comodidad, prefieren jugar e ir tras ese sueño de salvar a la familia económicamente sin pensar en el futuro.

Es un camino áspero, lleno de trampas, incertidumbre, maltratos, negociados, corrupción, violencia y dobles mensajes, pero continúa sostenido por la pasión que es el fútbol, que antes de ser un negocio siempre fue un juego y un deporte.