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El infierno hoy se llama Marta

El infierno hoy se llama Marta pero también se llamó Messi, se llamó Bielsa y tuvo mil nombres más. El aplastante tren del exitismo: Ganar o morir. Esa maldita idea que destruye modelos de juego, proyectos y sueños. Hoy es Marta la que está en el foco de la tormenta. Pero son todos los que intentan que el fútbol sea un poco más complejo que ganar o perder.

Marta está en el ojo de la tormenta. La estrella del fútbol femenino no pudo llevar a la selección brasileña a la final. Cayó en semis con Suecia y muy lejos quedó la medalla dorada. Tampoco pudo conseguir el bronce, perdió con Canadá. La crack del fútbol mundial se mostró muy dolorida por haber caído tan pronto y en casa, otra vez. En las tribunas de Río había mucha expectativa con la número 10. Incluso algunos hinchas habían tachado a Neymar de sus camisetas para escribirle Marta. El Maracaná se puso en mute cuando Lisa Dahlkvist cambió el cuarto penal por gol para que la serie quede 4-3 a favor de las europeas.

Marta fue elegida por la FIFA mejor jugadora del mundo durante cinco años consecutivos. La número 10 de Brasil, nació en Dois Riachos con una familia muy humilde. Su papá abandonó a ella y a su madre. La niña creció en lo que en Argentina llamaríamos potrero. Dois Riachos era un municipio de 11.000 habitantes. Además es uno de los estados más violentos de Brasil. Marta contó además que en su infancia tenía que jugar a escondidas, porque a sus hermanos no les gustaba verla jugar con los varones. Una vida de fútbol y corridas para la excelente jugadora brasilera. A partir de su éxito rotundo en el fútbol, pudo darle una mejor vida a su mamá. Antes de retirarse tenía un último sueño: Ganar el oro olímpico. No se dio.

Es increíble la diferencia entre el fútbol femenino y el fútbol masculino. Los goles de las chicas valen mucho menos que los goles de los varones. La mejor jugadora del mundo gana alrededor de 400.000 dólares anuales mientras que Neymar, el astro brasilero del fútbol masculino, gana 14,5 millones. Cabe destacar que Marta es la número 1 a nivel mundial, por ende es una de las futbolistas que más dinero gana. Esta lucha es una de las banderas de Marta Vieira Da Silva, que es una mujer que lucha por los derechos del pueblo femenino. Una de sus nobles causas tiene que ver con el fútbol como método para combatir la pobreza.

La vida que tuvo la 10 de Brasil fue de lucha constante, de enfrentar la adversidad, de superar escollos. No hay forma de que nadie pueda decirle que fracasó. Aunque no haya cosechado el oro olímpico. Porque entonces se estaría perdiendo de vista todo el resto. Los partidos de potrero, las corridas en el barrio, la lucha por su vieja. Hoy el ojo de la tormenta es Marta, lo fue Lionel Messi. El pibe que se daba inyecciones para poder jugar a la pelota. Lo fue Marcelo Bielsa, creador de muchos de los juveniles que hoy defienden la camiseta Argentina. El ojo de la tormenta puede ser cualquiera. Si la pelota entra sos el mejor de todos, si se va por un centímetro sos un fracaso. A los que quieren inculcarnos esos valores, a los de la escuela de ser campeón o morir, hay que decirles que no. Que ya no nos interesa. Que sobran los ejemplos para demostrar que el deporte debe ser una herramienta humana, para adultos, jóvenes y chicos. Donde quede más que claro que participan cientos de equipos y solo gana una. Donde quede más que claro que el tren del éxito pasa muy poco.