Ingresó al Congreso el proyecto de Ley para expropiar Cromañón y esta tarde, en el mítico Salón de los Pasos Perdidos del recinto se hará el acto oficial. ¿Por qué es tan importante para nosotros, los sobrevivientes?

Lo que se lee así es, para nosotros -o al menos para mí- más que una expropiación una conquista, una apropiación, una necesidad. El lugar dónde casi nos morimos miles de adolescentes, dónde quedaron, lamentablemente, 194 pibes que aún hoy nos duelen, tiene que ser nuestro. Si Cromañón le pertenece a los sobrevivientes, nos pertenece a todos. Es así. Le guste a quién le guste.

A lo largo de estos años, siempre hablamos el mismo idioma: el de reconvertir la mierda que habíamos pasado. Transformarla en música, amigos, amores, vasos, besos y recuerdos. Reconvertir todo nuestro dolor, hacerlo una bola, apretarlo en un puño y al abrir la mano arrojar luz, vida. Convertirlo en algo hermoso, en algo lindo, en algo dónde se siente bien ser y estar.

A lo largo de estos años, valga la redundancia, la búsqueda fue de Justicia por momentos, pero siempre, al menos para mí, la búsqueda que lideró todo fue la de la Memoria. Mantener viva la llama de los que ya no están y de los que quedamos con un sólo objetivo cristalino: que lo que pasó el 30 de diciembre de 2004 no vuelva a pasar. Nunca más. Pero nunca, eh.

Para garantizar esto, la única manera es mantener viva la memoria, difundir lo que pasó y educar para que no vuelva a pasar. Quizás sea el rol del Estado, pero lo cierto es que esa lucha la llevamos adelante y la defendemos a diario los y las sobrevivientes de Cromañón. Ya sea agrupados en organizaciones o a pie. Siempre los sobrevivientes fueron los encargados de velar porque Cromañón no vuelva a ocurrir.

En este contexto, en el que nos vimos inmersos estos casi 18 años, es vital recuperar el lugar. Porque así se recupera también la memoria, porque así se edifica el recuerdo, se moldea el presente y se trabaja para el futuro. Cromañón no puede ser más esa mole de cemento que en su interior guarda memorias del infierno. No. Tiene que ser un nuevo punto de partida, dónde viva la memoria, dónde viva el recuerdo de los pibes, dónde podamos transitar sin sentir escozor, sin que el dolor nos gane la partida.

Que el edificio de Cromañón sea “propiedad” del Estado es reparador. Y es tardío. Es algo de lo que el Estado debió haber hecho hace mucho tiempo: reparar con acciones su falla garrafal que fue el caldo de cultivo dónde se cocinó lo que ocurrió la noche del 30, que no fue una tragedia, no fue una fatalidad, no fue una desgracia: fue algo causado, por acción y/o omisión de los responsables del Estado. Ese mismo Estado, con otros actores, pero -espero- con la misma vergüenza que debió sentir siempre, es el que hoy se compromete a recuperar Cromañón para que sea un espacio para la Sociedad.

Aún está muy lejos el momento de saber qué se hará en esas paredes que podrían haberse deglutido la vida de miles y se llevaron a 194 para siempre, y a miles y miles le pusieron punto final a su inocencia. Pero sí es reparador, grato y enormemente Justo, saber que el destino de ese lugar será reescrito y que los escritores de esa historia serán, en parte, quienes la vivenciaron (amos).

Con otros colores, con otro trazo, con otros autores. Cromañón será de todos, porque, como dijimos más de una vez, Cromañón somos todos. Y sí Cromañón somos todos, lo lógico, es que Cromañón sea de todos. De nuestros hijos, de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros amores, de nuestro futuro, de nuestro presente y también de nuestro pasado. De los que salimos para lucharla, de los que se quedaron, pero siempre estarán y también de todos sus familiares, amigos y cercanos. De cada ciudadano de este suelo y de cada ciudadano por venir. Un espacio de Memoria, ni más ni menos. Hemos ganado. No nos han vencido.