No pertenecer tiene sus privilegios. Mientras que en los ochentas y noventas el mercado yanki nos bombardeó con infinitas tendencias musicales repetidas en serie como si fueran una estampilla, en Escandinavia surgían grupos realmente grosos lejos del ojo público. Anota: a-ha, Roxette, Europe, Ace of Base, HIM, Turbonegro, Entombed, Mayhem… podría seguir durante horas y horas. Todos con autonomía suficiente para no subirse a ninguna tendencia y plantarse en la suya, sin repetir fórmulas comerciales que rápidamente les permitieron ganar autenticidad y prestigio. The Rasmus enfáticamente ingresa en ese lote.

Antiguos compañeros de colegio, los Rasmus se formaron en 1994 en Helsinki, Finlandia. El éxito no les llegó de inmediato: tuvo que transcurrir casi una década para que “In the Shadows” explotara en los ránkings. Aquel disco (“Dead Letters” de 2003, el quinto de su carrera) fue el puntapié inicial para la expansión universal que llegaría de la mano del implacable “Hide from the Sun” de 2005. Diez años de carrera transcurrieron para que los Rasmus no hayan dejado género por abarcar: funk, pop, metal, alternativo y gótico. Aun así, no entraron en ningún lote ni tendencia. No pertenecer tiene sus privilegios.

The Rasmus en Argentina. (Tefi Flores)

The Rasmus volvió a la Argentina a presentar “Weirdo” (“Bicho Raro”), su última producción musical. Quinta visita de los finlandeses, la primera asistencia mía. Resultado final: quedé boquiabierto. No saber qué esperar de un show tiene sus privilegios. Estimaba un show relajado, a tono con el final de la gira (“la más larga de nuestra carrera”, según el cantante Lauri Ylönen), con el cansancio y la fatiga característica de fin de año. Resultó ser todo lo contrario: una banda al tope de sus habilidades en perfecta sincronía con un público que efusivamente los recibió con los brazos abiertos.

En los primeros tres temas, los Rasmus setearon el humor de todo el show, merced a un sonido claro, nítido y contundente, con el barniz de una ejecución milimétrica que hacía quedar a las versiones de estudio como meros recuerdos discográficos. En esos primeros tres temas (“Break These Chains”, “Guilty” y “No Fear”) Lauri dejó en claro que no se iba a ir a casa con la garganta en óptimas condiciones, interpretando cada nota como si de ello dependiera el futuro de su familia y moviéndose de un lado para el otro del escenario con el oficio de los grandes. En todo esto menjunje, pegó absolutamente todas las notas. ¿Cuántos cantantes de su edad hay en actividad con esta plenitud? Por suparte, el rol de comunicador recayó en el bajista Eero Heinonen, quien nos hacía recordar que si sentís que no  perteneces, que no sos comprendido, que no encontras quién te entienda en un show de los Rasmus sos más que bienvenido. No pertenecer tiene sus privilegios.

The Rasmus en Argentina. (Tefi Flores)

Emilia “Emppu” Suhonen es la encargada de la guitarra desde la salida en 2022 del fundador Pauli Rantasalmi y su labor no es meramente la de ejecutar las seis cuerdas con precisión. Dotada de un oficio destinado a las grandes, colabora en los coros y en la performance escénica lo que intensifica aún más el lazo entre público y banda porque claro, no pertenecer tiene sus privilegios.

Y los privilegios son el de presenciar este tipo de espectáculos donde el grupo incluye una versión de su reciente lanzamiento discográfico (“Forever Young”, cover de los germanos Alphaville, compuesta en 1983), donde repasa minuciosamente y con criterio una discografía repleta de potenciales hits (algunos de ellos co-escritos con la leyedan de Desmond Child -Bon Jovi, KISS, Ricky Martin y miles más-) y donde queda la sensación en el aire de que sin demagogia ni sumarse a lo construido por otro la entrega es total.

The Rasmus en Argentina. (Tefi Flores)

Por un lado, un público que no para de cantar ni una sola de las letras; por el otro, la de un grupo que reconoce que no solo este es el mejor show del tour, sino que es el mejor de las cinco visitas al país. Podría sonar a demagogia, pero si estuviste ahí lo sabrás entender. Porque a veces, pertenecer sí tiene sus privilegios.

Por Juan Pablo “Astilla” Domínguez

Fotos: Tefi Flores