Lejos de las dudas, la crisis y el “viejazo”, Oktubre cumple 40 años. Las 4 décadas del disco que confirmó todo lo bueno que había presagiado “Gulp” y que empezó a sentar las bases del mito llegan en un momento dónde sus letras, canciones y leyenda reluce más que nunca. Un 4 de octubre, pero de 1986, salió a la luz este disco que hoy, a cuatro décadas de su concepción, no pierde vigencia, ni impacto, ni nada con lo que vino o fue adquiriendo con los años.
Grabado en Floresta, en las entrañas de los míticos “Estudio Panda”, la segunda obra de estudio de Patricio Rey se convirtió pronto en un disco que consolidó a la banda en la escena del rock argentino y que confirmó el potencial que traían y que empezaron a insinuar en su primer disco. Con la historia ya terminada, es uno de los puntos más altos en la mitología ricotera. No sólo desde la música, también desde una gráfica que es fácilmente reconocible y que ya fue utilizada, reutilizada y covereada millones de veces y que sigue siendo utilizada en cuanta pared, remera o situación sea apropiado. Es que Oktubre es un disco que no sólo entra por los oídos, también entra por los ojos, en una época en la que las cosas quizás no iban tanto por ese carril. Lo que hizo Rocambole en ese disco definió la identidad visual de Los Redondos y también de toda esa generación.

El material fue grabado entre agosto y septiembre del ’86 y salió publicado originalmente en formato cassette y vinilo por el sello Wormo, una marca histórica de la década del ‘80 fundada por el grupo MIA (Músicos Independientes Asociados). Esto implica que cuatro décadas atrás -evolución tecnológica, social y cultural mediante- no fue el segundo disco de Los Redondos, ya que la publicación en formato CD recién llegó años después por Del Cielito Records. La reedición del vinilo de “Oktubre” en 2024 se siguió vendiendo como lo que es: un objeto de culto imprescindible para entender el impacto social y musical de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
En Oktubre, la banda desplegó un nuevo arsenal de sonidos y retoques de audio que diferencian claramente a la obra de su antecesor Gulp! (1985) dándole un tono más íntimo y sombrío a lo que presentaron a sus seguidores que cada vez con más frecuencia empezaban a colmar las salas en donde se presentaban. El sonido básico del rock nacional encontró una combinación con sonidos post-punk, new wave y electrónicos que eran parte del contexto creativo de Patricio Rey. Dentro del disco, convive el comienzo casi marcial de “Fuegos de Oktubre”, Los vuelos musicales de “Música para Pastillas” y “Semen-up” y el poderío del primer himno ricotero: “Ji, ji, ji”. Ese tema, el track 7 del segundo disco de Los Redó, rankea alto entre las canciones más emblemáticas no sólo de la banda, si no de toda la historia del Rock Nacional.

En este material participaron como invitados Daniel Melero en teclados y Claudio Cornelio Fernández en percusión. Su participación se acopló a la formación que en ese momento sostenían El Indio Solari (voz), Skay Beilinson (guitarra principal) y Semilla Bucciarelli (bajo), que serían los tres que se mantengan en la banda hasta el final, junto a Juan PiojoÁbalos (batería), Tito Fargo (guitarra) y Willy Crook (saxo) que habían sido parte de Gulp! pero no estarían en los años siguientes. Por su parte, el diseño artístico estuvo a cargo de Rocambole, la mente detrás del aspecto creativo que complementó a la obra musical y que originó cientos de tatuajes, banderas y murales a lo largo y ancho de la Argentina. Y los seguirá generando.

La presentación oficial fue dos semanas más tarde en Paladium, una sala del barrio de Retiro en la Ciudad de Buenos Aires en la que Los Redondos empezaron a pisar fuerte a medida que transcurría la década de los ‘80 previo a su salto a la masividad. Hoy, cuarenta años después, esta creación que contiene desde referencias a la Revolución Rusa de Octubre de 1917 hasta expresiones vinculadas a la vida nocturna de la época, sigue siendo un hito para el rock y la cultura argentinas. ¡Feliz cumple Oktubre! ¡Estás hecho un pendejo!
Colaboró: Patricio Serale



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