La República Argentina atraviesa las horas más delicadas en términos democráticos e institucionales de los últimos 40 años. La escalada de los discursos de odio que se difundieron sin ningún tipo de pudor durante los últimos años empezó a calar hondo en algunos sectores de la sociedad, llegando a un momento crítico. La incertidumbre y el miedo empiezan a tomar terreno, mientras la oposición política/partidaria especula y echa leña al fuego. Todo está mal.

El intento de magnicidio que sufrió la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la noche del jueves conmocionó al país. Cerca de las 21hs, la líder del Kirchnerismo llegaba a su casa rodeada de manifestantes cuando un hombre se acercó a centímetros de ella, sacó un arma, le apuntó a la cabeza y gatilló dos veces. Milagrosamente, a pesar de tener el cargador lleno, el dispositivo se trabó y las balas no salieron disparadas. Los primeros en reaccionar fueron los militantes que saltaron sobre el agresor, y luego actuó la custodia que se lo llevó detenido. Las imágenes son escalofriantes y encendieron las alarmas de todas las instituciones que luchan desde hace casi 40 años por la defensa de la democracia que lleva el país desde el fin de la dictadura militar en 1983.

En medio de la conmoción, todavía más preocupante fue el mensaje que bajan algunos sectores políticos de la sociedad. Es que lo ocurrido anoche no puede ser considerado un hecho aislado, un “loquito suelto”. El discurso de odio de la oposición política incitando desde hace mucho tiempo y potenciado por la Causa Vialidad que tiene como principal imputada a CFK lleva a que aparezcan personas como la que se presentó anoche en la puerta del departamento de la vicepresidenta en el barrio porteño de Recoleta.

Luego de los mensajes de apoyo de varios dirigentes, aparecieron mensajes que pusieron en tela de juicio lo ocurrido. El Diputado Nacional Martín Tetaz rápidamente salió a minimizar el hecho en sus redes sociales. “Llamemos a las cosas por su nombre. Esto no es violencia política. No hay ningún movimiento político armado, ni nadie adjudicándose lo que hasta ahora parece ser la torpe acción de un desequilibrado sin conexión con la política, que dejó en evidencia el fracaso de la custodia”, publicó el legislador en su cuenta de Twitter. En la misma línea se mostró la presidenta del Pro, Patricia Bullrich, quien apuntó contra el presidente de la Nación, Alberto Fernández, acusando que “convierte un acto de violencia individual en una jugada política. Lamentable”. Por otro lado, Florencia Arietto, dirigente del Pro, sugirió que fue una puesta en escena. “Operación de bandera falsa”, lo definió.

EL ODIO COMO ESTANDARTE

El intento de instalar que este hombre es un “loquito suelto” choca contra la realidad que se ve en la calle desde hace años. Basta con ver el entorno del agresor, Fernando Andrés Sabag Montiel. De hecho, esta mañana habló Mario, quien se presentó como el mejor amigo del atacante, en el programa A La Barbarossa de Telefé. Allí, declaró que “su intención original era matarla, pero lamentablemente no ensayó antes”, y que matar a CFK “significaría menos impuestos”.

Pero, además de los hechos y declaraciones particulares de civiles, la violencia política de algunos sectores estaban al descubierto desde hace tiempo. Las imágenes de marchas en contra del gobierno con guillotinas, horcas, imágenes de la vicepresidenta asesinada y bolsas mortuorias se vieron en múltiples ocaciones en las calles. A sí mismo, las carteles con la consigna de matar a los políticos que piensan distinto se hacían cada vez más presentes en las manifestaciones.

LA COSECHA DEL ODIO QUE SEMBRARON

Para llegar a este punto basta con ver el corrimiento a la derecha del discurso político que se dio en los últimos años. La aparición de figuras como Javier Milei y José Luis Espert que buscan disputarle votos por derecha al anti peronismo colocó en agenda de los medios mensajes contra los pobres, de mano dura, de “bala al delincuente” y de “aplastar” a quien se oponga a sus ideas, como lo expresó el Diputado Nacional de Avanza Libertad en más de una oportunidad. El surgimiento de esta nueva dirigencia hizo que Juntos Por El Cambio, la principal fuerza opositora del país, también intensifique su discurso. Estos signos empezaron a potenciarse desde 2018, cuando Patricia Bullrich, en ese entonces Ministra de Seguridad, salió a bancar la justicia por mano propia y declaró que “el que quiera estar armado, que ande armado”.

Pero volvamos a lo que pasó en los últimos días. El alegato en la Causa Vialidad generó un clima de incertidumbre política luego de que el fiscal Diego Luciani presentara nuevas pruebas contra CFK en una instancia del juicio donde por ley no está permitido hacerlo y pidiera 12 años de prisión para ella, casualmente el mismo tiempo que duró el gobierno del Kirchnerismo. Pero, además, se le negó el derecho a defenderse de esta nueva prueba a los acusados porque “esa instancia ya pasó”.

Esto generó una sacudida en la militancia que comenzó una vigilia en la puerta de la casa de la vice. Pero, por otro lado, generó una ola de mensajes agraviantes de la oposición que festejó el pedido de condena y salió a redoblar la apuesta. “12 años de gobierno : 12 años de condena. Esa es su realidad”, publicó Patricia Bullrich. Además varios dirigentes alzaron mensajes más violento. “Merecen la pena de muerte, no una liviana prisión domiciliaria”, publicó el Diputado Nacional de Neuquén, Francisco Sánchez.

La puesta de las vallas en la casa de CFK y la represión por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires del sábado pasado pasaron a ser simples anécdotas dentro de la escalada de violencia que se dio en los últimos días. En el mismo lugar se ocupa el proyecto de ley presentado por el legislador porteño Roberto García Moritán (“el marido de Pampita”) para demoler el edificio del Ministerio de Desarrollo Social, el histórico inmueble ubicado en la Avenida 9 de Julio que tiene la imagen de Eva Perón.

Así, se generó uin clima en los últimos 15 días de violencia constante contra el peronismo instalado en las calles de uno de los barrios más pudientes de la Capital Federal. De todas formas, el movimiento peronista demostró un temple para aguantar las agresiones que generó todavía más enojo por parte del antiperonismo. La erpresión de la semana pasada que no pasó a mayores porque la gente aguantó los palos practicamente sin responder, mensajes de amor a la vice ante en respuesta a los pedidos de palos y muerte, dos containers de piedras que casualmente aparecieron en las manifestaciones y no se tocaron para responder los golpes.

Esta situación vivida en la última semana dejó en offside al Gobierno de la Ciudad que preparó las fuerzas y el discurso para una batalla en las calles que no tuvo. Y, también, generó un incremento del discurso violento por parte de sectores de la sociedad civil en redes sociales. “Hay que tirarles agua hirviendo de los balcones” publicaron algunos influencers liberales en Twitter. “Hay que cortar todo vínculo con estas ratas” escribió el escritor libertario Agustín Laje. Lo que ocurrió, basicamente, es que la vehemencia en estos días creció ante el enojo de que el peronismo no entró en el juego de responder los ataques.

QUE EL PERIODISMO NO SE MIRE EL OMBLIGO

El periodismo también debe dejar de mirarse el ombligo y hacer una reflexión sobre el discurso de odio que transmite en los medios de comunicación. Sin ir muy lejos, el conductor Eduardo Feinmann declaró hace dos días en Radio Mitre “si la tocan a Cristina, qué gran país vamos a armar”, bajando un claro mensaje de violencia política. En la misma línea, Jonatan Viale, conductor de LN+, hacía hincapié al “atentado fallido” y presentaron el tema como una actuación del oficialismo para victimizarse. Cabe recordar además que desde el mismo conglomerado de medios se publicó, en el diario La Nación, la dirección de la casa de Cristina Fernández de Kirchner para convocar a manifestaciones en su contra.

Quiero hacer un párrafo aparte para destacar la conducta de Baby Etchecopar, uno de los principales periodistas antiperonistas del país y que baja mensajes de violencia constante contra quienes piensan distinto a él, pero que, a diferencia de varios de sus colegas, trató el tema con la seriedad que ameritaba. “No podemos hacer un River y Boca con esto. Hoy tenemos que estar todos enfilados detrás de Cristina por más que no nos guste. Hoy somos todos la vicepresidenta y estamos para ayudarla”, declaró en su Editorial de A24. Esto no justifica declaraciones anteriores, pero se portó como hay que portarse en un medio de comunicación en medio de una noticia de esta gravedad.

Honestamente no sé qué va a pasar de ahora en más. Personalmente, como parte de una generación nacida en democracia, nunca viví una situación como la que está viviendo la Argentina en este momento. No se parece al 2001, donde a pesar del “que se vayan todos”, la bandera de la democracia nunca estuvo en discusión. Esa bandera que costó años de dolor y sangre recuperar. Escribo estas líneas con una sensación de incertidumbre, de temor, de un escalofrío que me recorre el cuerpo y me lleva a imaginar una época que solo conozco a través los libros de historia. Porque, citando a la periodista Noelia Barral Grigera, “Gatillarle en la cara a la vicepresidenta no es un límite que no se puede pasar, sino la demostración de que lo pasamos hace rato”.

Sin embargo, algo es seguro. Hoy, una buena parte de la sociedad civil y de la política dijo “basta”. La defensa de la democracia se dará en la calle, porque si hay algo que el argentino tiene en la sangre es la fuerza para defender ese bien tan preciado como sociedad. Algunos no lo entenderán ahora, lo verán como una movida puramente partidaria. Pero cuando baje la espuma quedará nuevamente a la vista la bandera del Nunca Más, y será levantada por todos más allá del color partidario.