Afuera daban las 8 de la noche y la fila sobre la av. Chorroarín no paraba de hacerse cada vez más grande. El público de Blair era, en sí mismo, un espectáculo: la ropa, la estética vistosa y la personalidad marcada de cada prenda anticipaban que lo que pasaría adentro iba mucho más allá de un simple recital.
A los costados, decorando el recorrido sobre la vereda, los vendedores callejeros ornamentaban el espacio con stickers y CDs hechos de manera totalmente artesanal, supliendo con ingenio la falta de copias físicas oficiales de “Bar Scorpios”.
Al cruzar las puertas del recinto, lo primero con lo que se encontraba el público era una gran pantalla que proyectaba los dos ojos de Blair; unos ojos inmensos que se movían vigilando a la gente, en un guiño estético que inevitablemente hacía acordar a los clásicos y hipnóticos ojos de Betty Boop. Dentro, la sala respiraba una profunda atmósfera de expectación mientras sonaban las cortinas musicales elegidas para la previa: primero la icónica melodía de Twin Peaks, la serie de David Lynch, y luego el inolvidable “I Will Always Love You” de Dolly Parton, que la gente coreó al unísono transformando la espera en un ritual colectivo.

Sobre el escenario, mientras los músicos ya ocupaban sus puestos, se alzaba un gran telón que proyectaba dos manos en posición de rezo sosteniendo una vela. Así hizo su aparición sobre las tablas Blair (Julieta Ordorica) encarnando a Teresa, una joven atormentada y adolorida en la cual se basa el disco “Bar Scorpios”, que busca refugio en la religión buscando explicaciones de su sufrimiento. Con su peluca rubia, vestido claro, detalles de encaje y una imagen tan angelical como inquietante, ella se disponía a relatarnos la historia.
“Rabia del corazón” abrió la noche y dejó uno de los primeros guiños personales del show. Después de cantar “Se me gastó el amor a los 22”, Blair aclaró entre risas “25, casi”. Faltaban apenas unas horas para la medianoche y para su cumpleaños, en una fecha que ya tenía clima de cierre y comienzo de una nueva etapa.
A “Rabia del corazón” le siguieron “Rothmans”, “Opuesto complementario” y “Yo & Yo”. Las tres últimas recuperaron canciones de su primer álbum, “Llorando En La Fiesta”, pero pudieron ensamblarse muy bien a la trama más pesada que es parte de “Bar Scorpios”. En ese comienzo dominaba una Blair que representaba lo luminoso, funcionando como un corte que dio un aire fresco a la trama.

Los gritos eran ensordecedores y, por momentos, no se podía escuchar la voz de Blair ni los instrumentos, haciendo recordar a la locura de los shows de Taylor Swift. La cantante se tomó entonces un momento para hablar con sus fans. La despedida de “Bar Scorpios” tenía algo de cierre y, también, de transición, el final de una etapa compartida entre una artista y una audiencia que hizo propio ese universo.
Luego de “Todo lo que tengo”, Blair bajó por un momento la intensidad del show. En “Dejar de ser yo” se sentó al teclado para interpretar una de las canciones más tristes del repertorio, que aborda los vínculos irreparables entre las hijas y las madres, y cómo esas relaciones generan traumas que el tiempo no logra curar. Luego de esa canción, dio lugar a “Mi suerte”, donde pidió que el público levantara las luces de los celulares de manera totalmente sincronizada, llenando la sala de pequeños puntos blancos sobre las cabezas.
Después continuó con “Novios imaginarios”, otra visita a su disco debut. Para ese momento, la artista apareció con su característica guitarra en forma de corazón, preparándose para tocar una canción tan clave como icónica dentro del universo de “Bar Scorpios”: “Intenté Salvar a Dios”.

El quiebre llegó con “Pecados Brutos”, la pieza en la que la artista sumó a la escritora Mariana Enríquez. La colaboración nació, también, de un punto de encuentro entre ambas por la fascinación por el terror y lo onírico, dos elementos que forman parte del concepto del disco.
Al empezar el tema directamente apareció la voz en off de Enríquez leyendo una entrada del diario íntimo del personaje de Teresa (encarnado por Blair). Lo sorprendente fue ver cómo una buena parte del público sabía ese pasaje de memoria y comenzó a repetirlo de manera desaforada y a los gritos, a modo de descarga y rezo colectivo dentro de Deseo.
Tras ese momento, se produjo un cambio de outfit: Blair reapareció luciendo su distintivo e icónico pelo negro, un vestido rojo y tacos, aportando una impronta mucho más sensual que dio paso a su versión de “Entre caníbales”, la canción de Soda Stereo que ya había llevado a una sesión para Spotify. La interpretación no solo no interrumpió el relato, sino que dio paso a una parte del disco que revela la faceta más oscura, prohibida y tabú del personaje de Teresa.
Llegó después “Carne Viva”, grabada originalmente junto a Dillom, una pieza que profundiza de lleno en esa zona sombría. En Deseo, la canción se fusionó y se mezcló con esa presencia angelical y luminosa que había aparecido al principio del show.

Continuó con “Padre muerto” y “Otra noche en los 70”, manteniendo uno de los juegos más inquietantes del universo de Blair donde se logró un marcado contraste entre melodías pop alegres y letras oscuras y sombrías. La segunda de ellas, además, significó otra regresión a “Llorando En La Fiesta”, recuperando elementos y canciones de su disco anterior para encajar de manera natural dentro de “Bar Scorpios”.
Cuando finalmente empezó a sonar la canción que da nombre a este tercer disco, la historia entraba en su último acto. La protagonista parecía quedar atrapada por el peso de aquello que había intentado esconder: la culpa, el pecado y una redención que nunca termina de llegar.
El tramo final continuó con “Hombre Roto”, canción que en el álbum cuenta con la participación de Santiago Motorizado y suma uno de los registros más melancólicos del proyecto. Después llegó “Mañana hablarán de mí”, antes de alcanzar uno de los momentos más intensos de la noche.
Aunque “Sola” aparece al comienzo de “Bar Scorpios”, en Deseo quedó reservada para uno de los últimos momentos del show. El cambio de orden reforzó su peso dentro del cierre de la historia donde Blair se tira al escenario acompañada de los cánticos de la gente al unísono: “Nací sola, crecí sola, me siento sola, moriré sola”. Ya no quedaba mucho de aquella chica de pelo rubio que había iniciado la noche frente a unas manos en oración.

No hubo demasiado tiempo para permanecer en ese clima. “Nunca lo van a entender” llevó el final hacia el punk, con guitarras más crudas y una energía eléctrica. En ese tramo, la figura de Dante Saulino —socio fundamental en la composición de todo el disco— cobró un protagonismo especial, sorprendiendo a todos con sus impresionantes habilidades en la guitarra. Antes de cerrar, la artista pidió el pogo más grande de la noche y el centro de Deseo se abrió de inmediato. Tal como tuiteó con total acierto el propio Saulino una vez finalizado el recital, había sido, sin dudas, el mejor show de Blair hasta la fecha.
El próximo capítulo de Blair
Con este show, la artista cerró oficialmente la etapa de su segundo disco (Bar Scorpios / B2), dejando la vara y las expectativas altísimas para lo que será su próximo álbum (B3). Después de construir un universo atravesado por el cine, la religión, el terror y una narrativa cruda y humana, ahora el camino queda abierto para descubrir qué forma tomará su próximo relato musical.
Crónica especial para Rock And Ball: Adriana Latorre
Fotos cortesía: Diego Triplab



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