Ball

Leo Gutiérrez: la historia de un ganador

Fue miembro de la Generación Dorada que obtuvo el primer puesto en Atenas 2004 y máximo ganador de la Liga Nacional con diez títulos. El cordobés está en la cúspide del básquet argentino.

Hablar de Leo Gutiérrez es sinónimo de hablar de gloria. La primera imagen que probablemente recuerda cualquier fanático del básquet cuando escucha su nombre, es la de un festejo. Puede ser con la Selección, con Olimpia de Venado Tuerto, con Atenas, con Ben Hur, con Boca o con Peñarol, pero siempre el denominador común es el mismo: una consagración.

Foto: AFP (Omar Torres)

Además de ser el máximo ganador de la Liga Nacional de Básquet con diez titulos, fue el tercer goleador histórico del torneo, el jugador más influyente según casi todos los expertos, el que más triples metió en total y el que más triples metió en un partido (15 sobre 22 intentos, en Peñarol jugando contra Boca, en 2010). Para poner en contexto, en la NBA (donde los cuartos duran 12 minutos y no 10 como en la LNB), ese récord lo tienen Kobe Bryant, Donyell Marshall y Stephen Curry con 12. Gutiérrez fue el segundo jugador con más partidos en la Selección, con 133, detrás de Luis Scola. Desde el Sudamericano 1999 hasta el Mundial 2014 estuvo en todos los torneos, salvo en el Preolímpico 2011, cuando quedó afuera por una arritmia cardíaca. Sus tres momentos más importantes con la camiseta de su país, según él, fueron el segundo puesto en el Mundial 2002, la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y la de bronce en Beijing 2008. Con ella, ganó también tres veces el Sudamericano y dos el Torneo de las Américas. En 2014 decidió retirarse de El Alma. En un amistoso ante Uruguay, en 2015, ingresó unos minutos y le hicieron un homenaje.

Su gran carrera se debió a dos motivos principales. El primero fue su indudable capacidad técnica. Era un ala pivote o alero con mucho talento, lo que le permitía brillar y desequilibrar cerca o lejos del aro. Su lanzamiento de tres era letal, digno de un francotirador. No tenía problemas en tirar con marca encima ni en penetrar. Gutiérrez era inteligente para leer el juego, elegía bien los momentos para hacer cualquier acción, pasaba bien la pelota y tomaba decisiones difíciles en los momentos cruciales.

Foto de BasquetPlus.

Todo esto es muy importante, pero no alcanzó para ser un jugador de elite. Los otros factores que hicieron que Leo haya llegado a ser lo que es fueron su personalidad y su amor por la victoria. Por ejemplo, en los festejos por el bicampeonato de Peñarol (2010/2011), solo 15 minutos después de la finalización del partido, gritó: “Pocos consiguieron el bicampeonato, pero nadie ganó tres. ¡Así que vamos por más!“. Y lo pudo lograr. Ser campeón le generó una sensación de plenitud que duraba hasta el primer partido del torneo siguiente, pero nunca se conformó. Era superior al resto técnica y mentalmente. Además, siempre tuvo mucho compromiso con sus equipos, tanto que ha llegado a jugar lesionado en varias ocasiones, como en Boca en la temporada 2006/2007, cuando un desgarro no le impidió ser clave para dar vuelta la serie de cuartos de final ante Ben Hur. Luego, el Xeneize terminó saliendo campeón con Leo Gutiérrez en sus filas. “Estuvo en equipos importantes y siempre fue el líder. Es un ganador y se tiene mucha confianza. Además, tiene un plus en los partidos importantes, se motiva más. Eso y su tiro de tres hacen que sea de los mejores de la Liga“, cuenta Federico Aguerre, que jugó con él en la selección juvenil y en Boca. “Yo era joven y aprendí mucho de él, porque es alguien que está en los detalles. Me acuerdo que luego de los entrenamientos se quedaba enseñándome fundamentos y dándome consejos“, agrega.

Su esposa hace más de 20 años, Fernanda López, es una de las personas que más lo conoce, y explica cómo es en la intimidad: “Después de ganar un título, Leo está más feliz y más relajado. Su fortaleza mental y su obsesión por ganar son admirables, tanto en la cancha como en su vida cotidiana. Es muy cabeza dura. Cuando se le mete algo en la cabeza, no para hasta lograrlo.  Es obsesivo en todo lo que hace. No le gusta perder a nada, ya sea a las bolitas, al metegol o a la PlayStation con los hijos. Se mata en todo para lograr su objetivo, sin importar el costo. Como esposa, lo admiro”.

Lucas Gargallo, de 21 años, juega en Boca desde que debutó y tuvo que “sufrir” a Leo como rival varias veces. Sin embargo, dice: “Jugar contra alguien como él es muy bueno, porque te ayuda a prepararte de otra manera para el partido. Yo lo iba a ver de chico a la cancha, cuando salió campeón en Boca. Aunque soy joven y no tengo tan presente a los históricos de la Liga, creo que él es uno de los mejores”. Maximiliano Stanic, base de 37 años que lo enfrentó muchas veces, explica: “Jugar contra él no es un partido más, motiva enfrentarlo porque te exige al máximo y uno siempre quiere ganarles a los mejores. Los resultados, los logros y la carrera demuestran que es el mejor”. Por último, deja un recuerdo que a él le sirvió de enseñanza: “En la Selección de cadetes en 1993, Leo jugaba de pivote y no tiraba ni desde la línea de libres. Con mucho laburo se convirtió en uno de los mejores tiradores de la historia de la Liga. Eso no es solo talento, hay mucho trabajo y esfuerzo”.

Foto de Ciudadano Sur.

Gutiérrez siempre expresó su deseo de retirarse en Peñarol, y la 2016/2017 fue su última temporada. En un futuro quiere ser entrenador, pero prefiere empezar como asistente para aprender y luego dar el salto. Es muy detallista cuando entrena y cuando jugaba, y cree que será así cuando dirija. Opina que con los técnicos así se sufre, pero que si se logran cosas, terminan siendo respetados. Aprendió de todos los que tuvo, pero principalmente de Rubén Magnano, Sergio Hernández, Julio Lamas y Horacio Seguí, su primer técnico en la Liga.

Por Daniel Lubel (@DaniLubel)

Foto de TyC Sports.