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El postergado fútbol del interior

En el Federal A, equivalente para los clubes del interior a la Primera B Metropolitana, se gasta más en viajes y menos en sueldos, generando una categoría menos competitiva.

Quienes simpatizan por clubes de la capital y del GBA (o, en términos técnicos, “directamente afiliados a la AFA”) probablemente no tengan que dar demasiadas explicaciones sobre la categoría en la que juega su equipo. Primera A y B Nacional son primera y segunda, mientras que las categorías metropolitanas siguen hasta la quinta con las letras B, C y D.

Para los hinchas de los clubes del interior eso no es tan simple. Si bien Primera A y B Nacional también son primera y segunda, luego se abre una especie de bifurcación: la tercera, cuarta y quinta división se denominan Federal A, B y C. Poco se habla de ellas, pero a pesar de eso son categorías muy complejas porque insumen costos logísticos mucho más altos que las metropolitanas.

Historia de una quimera

La historia de estos campeonatos no es azarosa, sino que es parte de una búsqueda de jerarquización de sus categorías superiores que el fútbol argentino comenzó a mediados de la década de 1980, que deshizo con el torneo de 30 equipos (generando también “inflación” de participantes en las divisiones inmediatamente inferiores) y que está retomando.  Más precisamente, en 1985 se decidió terminar con los torneos nacionales y metropolitanos para unificar tanto la primera división como la segunda, naciendo así la consabida primera B Nacional.

Sin embargo, allí llegaban equipos tanto desde los torneos de Primera B (ex segunda división metropolitana, ahora devenida en tercera) como desde los torneos del interior, al que clasificaban equipos de las ligas regionales. En ese contexto, se hizo necesario dividirlo jerárquicamente para que lo jugaran menos equipos pero de manera más constante. De ese modo, se haría más competitivo.  Así nacieron el torneo Argentino A (tercera división), el torneo Argentino B (cuarta división) y el nuevo torneo del interior (ahora quinta división), luego rebautizados Federal A, B y C.

Con cantidad variable de equipos, el torneo Federal A cuenta hoy con 39 equipos (descenderán 8), el Federal B con 160 (descenderán 16) y el Federal C con ¡310! (clasifican por año los ganadores de las ligas regionales y equipos invitados). El futuro de estos últimos dos es una incógnita, puesto que podrían ser fusionados. No obstante, el torneo Federal A reducirá su cantidad de equipos para ser aún más profesional y ganar dinero con su televisación. Eso se probó posible con la transmisión de las etapas finales del torneo pasado, que dejó muy conformes a los dirigentes.

La distancia, un costo más

Algunos dirigentes de equipos de capital y GBA que participan de la B Nacional argumentaron que la categoría es “inviable” por los viajes que deben realizar al interior. Sin embargo, los informes de Ascenso del Interior muestran que los equipos de la Argentina profunda deben sistemáticamente moverse más.

Tomemos como ejemplo el Nacional B 2016. Los 5 equipos con más recorrido fueron Guillermo Brown de Puerto Madryn (34.368 km.), Gimnasia y Esgrima de Jujuy (29.462 km.), Crucero del Norte de Misiones (26.166 km.), Central Córdoba de Santiago del Estero (20.518 km.) e Independiente Rivadavia de Mendoza (20.394 km.). En tanto, los 5 con menos recorrido fueron Los Andes (5.670 km.), Douglas Haig de Pergamino (9.160 km.), Nueva Chicago (9.386 km.), Ferro (10.760 km.) y Brown de Adrogué (11.496 km.). Pasando en limpio: los 5 equipos que más viajaron son del interior. En tanto, de los 5 que menos viajaron, 4 son de capital o GBA, y el restante (Douglas Haig) es del norte la provincia de Buenos Aires.

En el Federal A, los kilómetros son menos porque las zonas de primera y segunda ronda están regionalizadas. Por ejemplo, los equipos de la Patagonia no deben viajar al noreste del país y viceversa, salvo en las etapas finales. Sin embargo, ninguno recorrió en la última edición menos de 8.700 km. (Desamparados de San Juan) en la cantidad mínima de partidos jugados. Son 3.000 más que el mínimo del Nacional B.

La comparación relevante para el Federal A, sin embargo, no involucra a la B Nacional, sino al equivalente urbano del Federal A: la Primera B Metropolitana. De los clubes que la juegan, los estadios más lejanos entre sí son los de Fénix (Pilar) y Villa San Carlos (Berisso). La ruta más corta para unirlos en auto tiene 127 km. Si los clubes tuvieran que recorrer esa distancia para todos sus partidos de visitante (17; cosa que obviamente no ocurre), la distancia total sería de 2.159 km. por temporada. Es decir que todos los equipos de la B metropolitana recorren menos de ¼ de la distancia mínima que recorre un equipo del Federal A.

Implicancias para la pelota

Según estos datos, el costo en viajes es como mínimo cuatro veces mayor para un equipo del Federal A que para uno de la Primera B Metropolitana (sin contar que estos últimos no necesitan hoteles). Eso hace que los sueldos que se pagan sean menores, porque los recursos son finitos y los viajes deben financiarse sí o sí. Por lo tanto, la B Metropolitana se vuelve una categoría más competitiva y, en consecuencia, más atractiva para la televisión. Así, los equipos de esa categoría no solo se ahorran los viajes, sino que además tienen un ingreso extra por la transmisión de partidos. La diferencia estructural previa a la B Nacional entre los clubes de capital y GBA y los del interior es enorme.

Ese complejo mecanismo explica, por ejemplo, que en la última temporada de la Primera B Nacional los cuatro equipos descendidos hayan sido del Torneo Federal A: Douglas Haig de Pergamino, Atlético Paraná, Crucero del Norte de Misiones y Central Córdoba de Santiago del Estero. Si bien la inminente televisación de la tercera categoría para los clubes del interior es un paso adelante, el ingreso que reciban será (por ahora) menor al de sus pares capitalinos. En este contexto, el desfasaje estructural que enfrentan respecto de los clubes de Capital y GBA debe enfrentarse institucionalmente con decisión desde la AFA. De lo contrario, el fútbol seguirá siendo porteño-céntrico.

Cabe destacar que la solución no puede ser eliminar la Primera B Nacional. Esa categoría, aún con sus bemoles, permite a los equipos del interior medirse a los de capital en condiciones relativamente más parejas (aunque no iguales, como ya se argumentó) antes de llegar a Primera División. Si hubiera una segunda división para el interior y otra para la capital, los equipos de la Argentina profunda llegarían todavía menos preparados a Primera y quedarían en inferioridad de condiciones aún más que actualmente. Hoy en día, la Primera B Nacional funciona al menos como paso previo para hacer pie antes del gran salto. Será tarea para la “nueva” AFA y para la edulcorada Superliga reflexionar sobre un sistema que incluya a todos los clubes equitativamente.