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El derrumbe de Jean-Marc Bosman

La crisis del hombre que cambió para siempre al fútbol mundial.

En el verano europeo de 2009, Real Madrid le rompió el corazón a Sir Alex Ferguson, entrenador símbolo del Manchester United. La Casa Blanca se hartó de esperar y tiró el Santiago Bernabéu por la ventana para incorporar a Cristiano Ronaldo, y de esa manera intentar competir de igual a igual con el Barcelona y Lionel Messi. El 1° de julio de ese año, el presidente merengue, Florentino Pérez, desembolsó 94 millones de euros por el delantero. Fue una de las primeras decisiones de su segundo mandato, iniciado exactamente un mes antes.

Más allá de esos números exorbitantes, luego llegaron traspasos aún más siderales. ¿Acaso eso fue posible? Desde luego que sí. En la infancia del septiembre de 2013, el Madrid otra vez entró en acción. Hacía mucho tiempo que no podía alcanzar un rol protagónico en la Liga de Campeones de Europa, y por ello fue a la caza de uno de los atacantes más determinantes de la Premier League: Gareth Bale, figura excluyente del Tottenham Hotspur, se dirigió a la capital española a cambio de 101 millones de euros. Fue en esa fecha, la transferencia más costosa de la historia.

El récord de Bale se quebró el 9 de agosto del año pasado, cuando Manchester United (desesperado por salir de un ostracismo deportivo indigno de su historia) puso sobre la mesa 105 millones de la divisa internacional europea para fichar a Paul Pogba. El mediocampista francés, de grandes rendimientos en la Juventus de Turín, retornó a la institución que lo había escupido años atrás. En fin… el portugués, galés y galo han sido actores de negociaciones bomba. Pero ninguna de ellas ha sido tan radical como la de Jean-Marc Bosman.

EL CASO BOSMAN

Nacido en 1964 en Bélgica, nunca destacó en el fútbol internacional, un volante que no superaba la media. Entre 1983 y 1988 jugó para el Standard de Lieja (86 partidos disputados, con tres goles), uno de los clubes más encumbrados del balompié belga. Luego pasó al RFC Lieja, de la misma ciudad que el Standard y campeón cinco veces de su liga doméstica, pero decididamente más modesto. En dicho cuadro se originó su conflicto, que se antojaba como una cuestión sencilla y que terminó como un hito paradigmático en la historia del deporte.

A mediados de 1990, y luego un paso sumamente sombrío (tres partidos, sin festejos), Bosman finalizó su contrato con el RFC Lieja. La entidad deseaba renovarlo, aunque a cambio de un salario cuatro veces menor al original. Sus intenciones eran claras: continuar su carrera en el Dunkerque, equipo que militaba entonces en la segunda división de Francia. Más allá de estar en libertad de acción –figura que en ese momento no tenía validez– su equipo no lo dejó escapar. Esa grieta desembocó en los tribunales europeos.

Un reporte del diario deportivo Marca, firmado por el periodista Lorenzo Lara, recuerda cómo se desarrolló todo. El jugador buscó, en primera instancia, una simple indemnización desde el club y la Real Asociación de Fútbol Belga (KBVB, por sus siglas en idioma nativo) por daños y prejuicios. No obstante, sus asesores legales le recomendaron que vaya más a fondo. Provocó un estallido difícil de contener y abrió la globalización de manera definitiva en el fútbol. Aquello que había comenzado el negocio de la televisión, Bosman lo cerró. La vista oral de Luxemburgo tuvo lugar el 20 de junio de 1995, y seis meses después se dictó la sentencia.

LAS REPERCUSIONES DE LA LEY BOSMAN

Aquellos que respaldaron esta regla la entendieron como un big-bang comercial imposible de neutralizar. En el plano fáctico, permitió que los futbolistas con contrato finalizado en un club negocien directamente con otros. A su vez, los poderosos europeos tuvieron más facilidades para fichar elementos talentosos y jóvenes de cuadros humildes. Las cinco grandes ligas (La Liga, Premier League, Ligue 1, Serie A y Bundesliga), de parabienes.

Por otro lado, quedó triturado el límite de extranjeros en el Viejo Continente. ¿Qué quiere decir esto? Cualquier jugador con pasaporte comunitario podía brindar sus servicios sin restricciones en la Unión Europea. Antes, cada entidad podía tener tres fichas foráneas, más otras dos exclusivamente para competiciones internacionales.

SU CRISIS PERSONAL

Bosman, en la actualidad. Foto de www.gq.globo.com

Luego de su conflicto en el RFC Lieja, Bosman pasó por cuatro clubes: Olympique Saint-Quentin, CS Saint-Denis, Olympic Charleroi y CS Visé. En este último, en la temporada 1996/97, finalizó su carrera profesional. Pese a la huella que dejó marcada en la tierra del fútbol mundial, los años siguientes a abandonar los campos resultaron bastante traumáticos. Y el belga quedó empantanado en una intrascendencia bastante compleja de sobrellevar.

El periódico The Sun, de Inglaterra, alertó a los aficionados del deporte cuando notificó cuáles eran las condiciones de vida de Bosman, preso de la bebida y mantenido por subvenciones estatales en Bélgica. El informe del medio británico agregó que el ex jugador cayó en una depresión al quedar desempleado. A principios de esta década, vivía en una casa en las afueras de Lieja sin mucho más que su legado (como si esto fuera poco, claro).

Ha sido muy, muy duro. Gané la batalla en los tribunales pero yo soy quien ha tenido que pagar y pagar y pagar”, afirmó Bosman en su día, en declaraciones recogidas por el propio The Sun, y replicadas en Marca. Una vez que terminó su carrera, dejó su viviendo para mudarse al garaje de sus padres, ya sin su esposa. En más de una ocasión confesó que quisiera ser reconocido, debido a que se considera un pilar fundamental para que las superestrellas de hoy cobren montañas de dinero. Y no le falta razón.