Opinión

Si el cielo puede esperar…ver a Pato también

El Furor por la vuelta del ex líder de Callejeros plantea una pregunta que esconde una brecha generacional, ¿Nos importa más la vuelta de Pato o estar ahí?

Furor. Obvio, más cantado que “Despacito“. Apenas se anunciaron las fechas de “Don Osvaldo” estalló la Patomanía. Nadie se quiere quedar afuera de la vuelta del ex líder de Callejeros a los escenarios, al mando de su banda “Don Osvaldo”. Ok. Todo está bien, pero mejor tener paciencia que sumar a que, una vez más, se hable mal del público de rock. A sabiendas que nos están esperando, con el cuchillo y el tenedor de la moralina y las buenas costumbres.

La mesa está servida para todos aquellos que esperan un nuevo tropiezo de Pato & Cía. Puntos de ventas colapsados, sitio web caído desde el vamos, manía por conseguir una entrada y, hasta algunos, comparan esto con aquella decisión del 2004 de meterse en Cromañón luego de reventar Excursionitas y, esgrimen, que la última fecha de “Don Osvaldo” fue en el Cosquín Rock. Ok. Supongamos que tienen razón y vamos a dárselas para que no se pongan nerviosos, aunque no tenga demasiado que ver, por contexto, momentos y demás.

Sin embargo, no todo puede ser un Deja Vu eterno. Y acá entra a tallar el aprendizaje (o no) del público. ¿Por qué? Porque la única variable que el público controla es la de ir o no ir al show, sumar o no a la reventa, exponerse o no a hacer dos días de cola y, tal vez, quedarse sin entrada. Y hay que ser inteligentes, porque están esperando una nueva muestra de que este público de rock es un cachivache. No hay que darles de comer. No hay que ser egoístas. Desde la producción se aclaró que se harán todas las fechas necesarias para poder ver a la banda. También se aclaró que la banda sólo irá y tocará, como para que nadie busque una hijaputez de más. Entonces, paciencia.

No todos podrán ir a la primera fecha de la banda, es una realidad. Tanto como que Pato está en libertad y, por suerte, estas 7 fechas no serán las últimas. Después habrá giras por todo el país y las chances se multiplicarán.

Además, hay una variable que no se mencionó aún y es el propio Fontanet. Los que en redes sociales piden un Kempes o un River (!), ¿No se pusieron a pensar que esto es, justamente, un regreso y que es mejor ir de a poco? Que Pato, con pasado de paciente psiquiátrico, quizás, todavía no está listo para tocar para grandes multitudes, después de más de dos años a la sombra. Dicen, arguyen, estiman que esto es para llenarse los bolsillos. Matemática pura: 7 plaza de la Música son aprox 35 mil personas. Medio Kempes ya es esa cantidad, así que si hacen el estadio entero, serían 40, 40 y pico mil. Y en un Kempes se paga una sola vez operativo, personal y todos los costos de la producción y se saca más dinero de una. ¿Qué conviene económicamente? Quizás, entonces, el tema sea Pato y su salud. Y no Palazzo y su bolsillo.

La brecha generacional entre pre y post Cromañón se nota con fuerza en este caso. Hay pibes que vieron pocas veces a Pato o quizás nunca, otros que jamás lo vieron antes de diciembre de 2004 e, incluso, hay nuevos que aspiran a presenciar el show del morbo, que es el regreso de un tipo que estuvo cautivo casi 4 años de manera injusta en prisión. ¿Qué será lo divertido no? Parece que Pato fuera un mono y esto fuera un zoologico.

Es obvio que Patricio está generando cuestiones en su público, más similares a la peregrinación que se da cada vez que toca el Indio, que a los de una banda que va a tocar en la “Plaza de la Música”. Eso también le duele a cierto sector de la sociedad.

Sea cual fuere la cuestión, la pregunta que se impone y la que debemos hacernos todos antes de putear, llorar y reclamar en redes sociales, incluso, criticando a Pato y convirtiéndonos en el enemigo, es ¿Nos importa más el regreso de Pato o estar en el regreso de Pato? Si su respuesta es la segunda, posiblemente, nunca hayan entendido un carajo. Y eso también es muy peligroso.