Opinión

La Voz del Estadio: MMLPQTP

San Lorenzo, All Boys, River, Huracán, Lanús, Chacarita e Independiente ya cantaron el tema del Verano...¿Por qué? ¿Por qué MMLPQTP suena más que 'Despacito? Intento de explicación del fenómeno

Primero, fueron horrores arbitrales. A San Lorenzo de Almagro y a River Plate lo han perjudicado mucho los “hombres de negro” en los duelos ante Boca y Godoy Cruz respectivamente, y los hinchas, de manera catárquica, empezaron a insultar al Presidente de la Nación, Mauricio Macri, en un hecho que, muy probablemente, no tenga tantos antecedentes en el mundo. En la cancha de Huracán no hubo fallas humanas, hubo un apagón (uno más) de los tantos que viene sufriendo el barrio de Parque Patricios y otra vez, insultos al Presidente de la Nación. En la cancha de Lanús, fue porque sí. En la de Chacarita, antes que empiece el partido, en la de Independiente como una expresión popular. Estamos ante algo nunca antes visto. Ni en época de dictadura.

Pero, ¿cómo puede ser que clubes de raíces tan diferentes, por razones tan discímiles, lleguen al mismo punto? ¿Por qué se lo insulta al Presidente de la Nación si él no dirige, si él no es el responsable directo de Edesur, si no es el presidente de la AFA, ni de Boca? ¿Qué factores llevan a esto? Eso intentaremos explicar en esta nota.

Primero que nada, y como si hiciera falta aclararlo, Macri lanza su plataforma política desde una contradicción: desde el club más popular del país, nace el Macri político, claramente antipopular, elitista, con un perfil muy distinto del que suele identificarse a Boca Juniors. Perfil que, durante sus 12 años en el club de La Ribera, en los que deportivamente le fue de manera inmejorable, se encargó de talar hasta destruir por completo. De pronto “el pueblo de carnaval”, se reemplazó por “palquistas”, “abonados” y pagar para pertenecer. Boca, club ligado al pueblo, a los barrios bajos, a lo popular, de pronto se elitizó, hizo a un lado de la cancha a los hinchas, comenzó a tener palcos vidriados, porristas en la cancha y mucho turista extranjero en lugar que antes era para el hincha. ¿Cómo permitió el hincha de Boca todo esto y lo legitimizó en las urnas? Sencillo: la pelota entraba, Carlos Bianchi, Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Guillermo Barros Schelotto. Con el ‘colchón’ deportivo, Macri hizo una revolución interna dentro de Boca, la misma que hasta el día de hoy se mantiene inalterable y que después, tristemente, emularon otros clubes.

 

Pero no sólo a nivel club. En lo personal, Macri, rabioso hincha de Boca, utilizó su éxito incuestionable en el Xeneize para lanzarse a la aventura política. Así, con el partido vecinal PRO, comenzó a ganar terreno. Fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dos veces, sacando rédito político de la Tragedia de Cromañón y luego, cuando casi nadie lo esperaba, se convirtió en Presidente de la Nación, con la voz del “cambio” y señalando y remarcando la también inocultable corruptela Kirchnerista, con los medios hegémonicos más poderosos de su lado, y con el efectivísimo Jaime Durán Barba, el muchacho que llevó a Boca a la cima Mundial ahora es presidente de la Nación. Atrás habían quedado Sevel y el Correo Argentino.

Los más opositores al Macrismo, dicen, medio en broma, medio en serio que “Boca tiene la culpa” de que Macri hoy sea presidente. Verdad a medias, minimizar la cuestión, un tema casi de folclore más que de estricta realidad. Está claro que si a Boca no le hubiese ido así, quizás Macri no hubiese tenido ‘agua’ en la pileta. Pero después, supo ganarse la simpatía de muchos más que de los hinchas de Boca.

¿Cómo se llega a los insultos en los estadios? Lo que Macri elitizó en Boca, ahora, desde un lugar de Presidente de la Nación, intenta hacerlo a nivel de todo el deporte. Por eso, una de las primeras cosas que hizo, fue borrar el “Fútbol para Todos”. El programa, uno de los grandes aciertos de los “k”, al menos para los futboleros de ley, hizo que haya que volver a pagar para ver fútbol y dejó el negocio en manos de los mismos que lo tenían antes. Sin Julio Grondona en el medio, Macri incluso logró colar en Viamonte un presidente de su agrado: Claudio “Chiqui” Tapia, con Daniel Angelici inmediatamente atrás en la línea sucesoría. De la misma manera que lo había hecho antes, cuando fue el principal impulsor de Armando Pérez como cabeza de la Comisión Normalizadora, lo que hubo entre el 38-38 y la llegada de Tapia. El poder estaba en la AFA, como en los tiempos pre-Grondona, cuando el presidente de la AFA se elegía en Balcarce 50.

Además de “robarle” el fútbol a todos, Macri incluso permitió que se codificarán hasta los partidos de Verano, algo insólito. Y jamás, pero jamás, se corrió de su pasión por Boca. Chistes con Boca, camisetas de Boca en visitas oficiales como regalos, llevar a presidentes y autoridades del Mundo a La Bombonera, reuniones periódicas con el DT de Boca, amistad con el máximo referente del equipo, Carlos Tevez. Y un sinfín de razones azules y oros. En momentos que los árbitros empezaron a cobrar en contra de los rivales históricos de Boca, incluso a veces enfrentando al propio Boca, la gente hizo 2+2. Ahora, bien. ¿Por qué no se lo insulta al Chiqui Tapia, también hincha de Boca y presidente de la AFA?

Por que hay otro componente para los insultos a Macri. El malhumor social. Inflación galopante, aumentos en casi todo, una “inserción en el Mundo” no tan real, una lluvia de inversiones que no llegó a chubasco, frases dichas con carácter de profecía y borradas con el codo y un claro, clarísimo perfil anti-pueblo que viene intrínseco con Macri. Todo ese cóctel hace que él sea el blanco de las puteadas. Por eso también en Huracán lo putean por un corte de luz, porque en realidad, la gente encuentra en el insulto generalizado una suerte de exorcismo público. Muchos, muchísimos hinchas de River, San Lorenzo, Lanús, Chacarita, Independiente, Atlanta, All Boys, Huracán lo votaron. De lo contrario, no sería presidente. Y quizás, de manera individual, nadie de los que alzó la voz en el “Nuevo Gasómetro”, en el “Monumental” o en el “Ducó” insultaría su investidura. Pero en masa, en ese “inconsciente colectivo” que se transforma un estadio de fútbol, sí.

Tal y como el “Macri Gato” se hizo pintada, bandera en recitales, frase de Facebook o Tuit y sirve como una suerte de “contraseña” para denostrar al Gobierno, los insultos en masa al presidente están queriendo decir bastante más que la disconformidad con un penal no dado, un árbitro que cobra mal o una AFA bostera. A Macri se lo putea por mucho más que el fútbol. Se lo putea porque está pifiando. Porque las “señales” que ven economistas, gurúes y expertos, no se ven en los bolsillos de la Clase Media que lo respaldó con virulencia en las urnas en 2015. Porque muchos están arrepentidos, algunos todavía en silencio, del voto. Se sienten defraudados, desilusionados, dolidos, estafados. Quizás en alguno de esos estados andan los que lo insultan en los estadios, en los subtes, incluso en el recital de Guasones, en pleno Groove.

Por que Macri, su elitismo producto de haber nacido en cuna de oro, de siempre haberla tenido “fácil”, de siempre haberse sentido y haber sido impune, lleva consigo ser quien es. Ese perfil antipopular lo mamó de muy chico, de los Blanco Villegas, de los apellidos dobles con aroma a oligarquía rancia. No le podemos pedir otra cosa. Y tampoco debemos sorprendernos si en los estadios de fútbol, reductos de lo popular, el lugar dónde las clases sociales se pulverizan en un abrazo si entró o no una pelota, nace un descontento en forma de puteada. No es porque sea de Boca. Es porque es Macri. Y además es de Boca, el club más odiado de la Argentina, sin duda. Ahora, relacionar a Macri con Boca es casi un error de la Matrix, una jugarreta de vaya a saber qué. Pero los insultos no son porque es hincha de Boca, o mejor dicho, en parte sí, pero atrás hay algo más profundo. Y ya no están Palermo, Riquelme, Guillermo y Bianchi, fueron reemplazados por Peña, Bullrich, Triaca y Aranguren. ¿Cómo no lo van a putear? Tenía razón Don Timoteo Griguol: con ese equipo vas a salir campeón de la…Sí, ustedes saben como siguen y si no…