Coberturas

STONED JESUS EN THE ROXY LIVE: I’M THE MOUNTAIN

La banda de doom metal y stoner, Stoned Jesus, se presentó en The Roxy Live el jueves pasado para celebrar el quinto aniversario de su disco debut Seven Thunders Roar y también mostrar algo de su trabajo más reciente.

Stoned Jesus
Stoned Jesus

En medio de una oleada de bandas stoner y doom metal que desembarcan en nuestro país de la mano de Noiseground, The Roxy Live recibió el jueves pasado a los ucranianos de Stoned Jesus. Con las entradas vendidas casi en su totalidad, unas pocas quedaron como remanente en la boletería y no tardaron en agotarse a medida que se acercaba el horario de la apertura de puertas.

La jornada comenzó muy temprano, ya que apenas pasadas las siete de la tarde, Ambassador se subió al escenario para aprovechar su media hora y empezar a encender un día muy frío de la mano de una combinación muy interesante y prometedora entre el heavy metal, el blues y el stoner. Presentando los temas de su disco homónimo editado a fines de 2015, se llevaron muchos aplausos por parte de los presentes que poco a poco comenzaban a ser más que unos cuantos.

Mambonegro fue la segunda banda en tomar por asalto las tablas, contando también con media hora para mostrar su trabajo. Con un estilo muy diferente al de Ambassador, con el rock pesado de fines de los ochentas corriendo en sus venas, dejaron una gran impresión entre un público amante no solamente del stoner, sino también del metal más clásico.

La tercera y última banda soporte fue Soldati y sin lugar a dudas fue la que se robó todo el protagonismo de la previa. Liderados por Sergio Chotsurian, ex cantante de Los Natas, este power trío se presenta como continuidad de aquella legendaria banda y ha devuelto a la escena local el rock stoner más puro. Con un sonido muy potente, centrado en la guitarra y buscando una semejanza con Mötorhead y Black Sabbath en varios momentos – sobre todo en los momentos de mayor aceleración-, Soldati demolió cabezas y cuerpos durante poco más de 40 minutos.

Si bien en lo lírico buscan ser muy escuetos, ajustando las palabras a lo mínimo posible, es claro que lo importante para ellos es tanto la pesadez como la melodía. La voz de Chotsurian, más allá de todo esto, asombró por su claridad y calidez, logrando atrapar la atención de todos siempre que tomó el micrófono. Todas sus canciones mostraron un esquema claro y muy eficiente: una introducción en clave rockera, un freno contundente y la guitarra y el bajo listos para desatar una locura similar a la que se vivía en los ochenta cuando surgieron las primeras bandas de metal sucio y desprolijo.

La potencia fue creciendo a lo largo del setlist y hasta los mostró cercanos al rock industrial por varios momentos y el oído atento pudo encontrar rastros de metal sinfónico, aunque demasiado escondidos en los riffs. Ya con el reloj marcando las 21.30, Soldati se retiró del escenario bajo una ovación y varios pedidos para que toquen una canción más que por cuestiones de horario no pudieron ser satisfechos.

Tal cual lo indicaba el programa, a las 21:40, Igor Sydorenko (voz y guitarra), Sergii Sliusar (bajo y coros) y Viktor Kondratov (batería) tomaron la posta y comenzaron a hacer sonar la introducción bien psicodélica de “Stormy Monday”, canción que cierra su placa Seven Thunders Roar (2012). Kondratov se lució en este tramo y cuando la canción llegó a su punto más elevado se pudo notar la cruza entre el metal y el grunge, con la raíz stoner muy fácil de delimitar dentro del esquema.

La voz de Igor se mostró en una forma envidiable, muy clara y con un índice de graves sensacional, algo que ayudó a sus compañeros a crear con mucha facilidad una diversidad de atmósferas dentro de una misma canción. Con el riff como su mejor aliado, el cañón que disparó desde su garganta elevó e hipnotizó a todos los presentes, para finalizar este primer paso con un solo muy poderoso e intenso.

El frontman agradeció la presencia y los aplausos y aprovechó para pedir un poco más de volumen en el micrófono, inaugurando un segmento de ida y vuelta con el sonidista que duraría varios minutos. El recuerdo de la primera visita a nuestro país el año pasado hizo sonreír a todos y sin perder más tiempo, llegó el momento de “Bright Like The Morning” con el punteo de Sliusar a pura técnica muy bien aprovechado por la guitarra para usarlo como vehículo del riff.

Si bien el componente stoner se mantuvo, lo cierto es que en esta canción el rock psicodélico se adueñó de la melodía por completo, con el bajista navegando a pura finta y acelerando en el tramo final ya más cercanos al metal clásico de los noventa. El detalle más notable fue que dieron por terminada la canción con la misma tranquilidad con la que habían comenzado la pieza, algo muy complejo de lograr sobre todo cuando se sube tanto en velocidad e intensidad.

“Electric Mistress” puso a cantar a todos, abandonando Stoned Jesus su lado más operístico y acercándose al heavy metal crudo. El golpeo de Kondratov incluyó el sonido de los parches llegando con mucha claridad a todos los oídos, algo que hace décadas no se utiliza con eficacia en la escena metalera. Previo a la explosiva “Indian”, la banda se dio el lujo de realizar un breve intervalo instrumental donde la batería y la guitarra tomaron la delantera. La pedalera de Igor salió al campo de juego con una serie de efectos que dieron pie a la siguiente canción.

El punteo imitó al riff que esta vez llegó desde el bajo, en una nueva bomba de heavy metal puro que hizo combustionar el Roxy y lo convirtió en uno de esos sótanos de Nueva York donde todavía se siguen viviendo noches despojadas de tanta careteada. La batería se convirtió en una ametralladora durante el estribillo y en los acordes finales alargaron un poco el tema, algo que suele ser moneda corriente dentro del género.

Declaración de amor hacia Sudamérica – y específicamente a Buenos Aires- mediante, fue el turno de “I’m The Mountain”, dedicada a todos los espectadores. En lo que fue una de las canciones más largas de la jornada, Stoned Jesus demostró saber como dar con la arquitectura perfecta: el riff más bien tranquilo abrió el juego para que el bajo lance sus fintas encima suyo y la batería fue ingresando en el carril de a poco hasta llegar al estallido infernal.

Pero eso no fue todo, ya que de inmediato las luces se apagaron y la música se detuvo, frenando por completo la máquina para reiniciar todo en un modo más oscuro. La voz de Igor volvió a ganar protagonismo y fue muy simple visualizar alguna de las tantas montañas (y sus respectivos paisajes) de los Estados Unidos como si se estuviese en un avión que las sobrevuela.

La psicodelia, marca registrada del trío norteamericano, ganó metros de nuevo en un nuevo tramo instrumental que sirvió para ir armando una historia que siempre avanzó sin mirar siquiera hacia atrás. Rock progresivo en estado puro por momentos, sin permitir que se haga tediosa la longitud del tema, incluyendo en el final el headbanging extremo merced de su devastador poderío.

Poco tardaron en regresar sonriendo después de que la gente insistiese con su presencia y anunciaron que tenían dos temas más en el cargador. El primero fue “Black Woods”, una envoltura de oscuridad que hizo recordar al Sabbath originario y la estocada mortal se materializó en “Here Come The Robots”, un verdadero trabajo de demolición de todos los cimientos.

Al grito de “Argentina!!!!”, Stoned Jesus dio por terminada la noche y se sacó la foto de rigor con la multitud feliz a sus espaldas. Cualquier desprevenido podría decir que en realidad tocaron muy poco, que el precio de la entrada no ameritaba tan solo siete temas, pero quien conozca tanto a la banda como al stoner entiende que cada canción tiene una duración mucho más larga que lo normal y que la potencia durante la hora y monedas de cada show es muy difícil de igualar.

Crónica  por Rodrigo López Vázquez

Fotos por Héctor Palacios

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