Coberturas

Sonata Arctica y su sinfonía de la muerte

Luego de tres años de ausencia, la banda finlandesa regresó a la Argentina y con un show lleno de potencia renovó credenciales con el público local.

Sonata Arctica
Sonata Arctica

Con el motivo de la presentación en nuestro país de su nuevo trabajo de estudio titulado “The Ninth Hour”, Sonata Arctica – los indiscutidos reyes del metal sinfónico finlandés- se dieron una vuelta una vez más por el Teatro Vórterix para deleitar a una multitud que no dejó de saltar y cantar durante toda la noche.

Las puertas del recinto se abrieron cerca de las siete de la tarde, comenzando la velada con sendas y poderosas presentaciones de Boudika y Magika que a puro riff veloz dejaron al público listo para vivir uno de los recitales más esperados del año.

A medida que los minutos pasaban, la ansiedad crecía exponencialmente, desatándose varias ovaciones mientras el staff de la banda probaba todos los instrumentos por última vez antes de que se corriese el telón. La locura se hizo masiva cuando ingresaron a paso raudo el frontman y fundador de Sonata Arctica, Tony Kakko, el tecladista Henrik Klingenberg, el guitarrista Elias Viljanen, el bajista Pasi Kaupinnen y el baterista y también miembro fundador, Tommy Portimo.
La carrera de Sonata Arctica comenzó en el año 1996 y al día de hoy la banda ha logrado mantenerse vigente como uno de los máximos exponentes de esa cruza particular entre heavy metal y metal sinfónico que se puede encontrar en los lugares más oscuros de Finlandia. Con una gran ilustración de la tapa de “The Ninth Hour” como único arreglo escénico y un juego de luces impecable, los europeos demostraron que a veces la simpleza suele ser la mejor de las armas disponibles.

Más cuando la música es de excelente calidad, algo que quedó en claro desde la introducción melódica y tenebrosa con la grabación de “We Are What We Are”, que dibujó en la mente de los asistentes un bosque lleno de trampas y ojos que observan desde las sombras.
El primer temblor en el Teatro Vorterix llegó de la mano de “Closer To An Animal” que encontró al bajo y a la guitarra lanzándose acordes entre sí e inmersos en una pared sonora impactante. La voz de Tony no hizo más que sorprender, con una claridad inusual en el género y un alcance digno de un barítono. El doble bombo a cargo de Portino hizo estragos en las cabezas de un público lleno de felicidad tras varias horas de espera, en un comienzo del show que fue épico.

Tardó muy poco el cantante en darse cuenta que tenía al público metido en el bolsillo y eso se vio reflejado en su sonrisa, una que delató un estado de felicidad extrema debido al espectáculo que estaba sucediendo a pocos metros del escenario y al que ellos no están acostumbrados en ninguna otra parte del mundo. La lista continuó con “Life”, otro de sus temas nuevos que generó un caos total de la mano de un riff sensacional y un solo que coronó un momento único, con todos cantando de principio a fin un tema destinado a ser clásico en muy poco tiempo.
En “The Wolves Die Young” fue Klingenberg quien se lució desde atrás a pura precisión con el teclado y Viljanen completó el panorama ejecutando a pura velocidad sus dos solos, una marca registrada no ya de la banda sino del género. El recorrido no se detuvo, ya que tras unas breves palabras de su líder, Sonata Arctica disparó “In Black And White” una canción con una lírica centrada en el desamor que en su estructura brilla por la línea de bajo que conduce todo y un freno muy bien planificado para dar lugar a uno de los solos que más enloquece a los fanáticos de los finlandeses.

El romance se instaló por un momento gracias a “Tallulah”, que luego de un comienzo a dúo entre el teclado y la voz estalla en un alarido doloroso. Una pieza para que los corazones rotos sanen de una buena vez, como había anunciado Tony antes de comenzar a cantar. El repaso por “The Ninth Hour” siguió con la infernal “Fairytale” que sirvió para entender que Sonata Arctica es un show de potencia y eficacia, con la batería abriéndole camino a la guitarra merced de un golpeo salvaje y un repique magistral. Todo esto mientras Kakko se movía por todo el escenario, agregándole a la presentación un toque dramático ideal.
El recuerdo de Ecliptica, uno de sus más grandes trabajos que cumplió 15 años hace muy poco, se hizo carne en esa obra maestra llamada “Fullmoon”. El inicio de la canción confunde a todos pues tiene los elementos clásicos de una balada, pero la caja de pandora no tarda mucho en abrirse para que al grito de “runaway, runaway, runaway” el público y la banda se conviertan en uno solo.

El octavo tema del setlist fue “Among The Shooting Stars”, un poco más abajo que el resto de las canciones, en un intento de regular y equilibrar los ánimos. Aquí Klingenberg volvió a mostrar su habilidad aquí, siendo el teclado vital para los temas que poseen momentos más relajados y dos o tres estallidos breves siempre anunciados por las teclas.
El primer intervalo con “No More Silence” sonando en los parlantes no hizo más que ayudar a aumentar la euforia. El regreso de los cuatro músicos fue instantáneo, creando otro gran círculo en medio del Vorterix con “Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited” de su disco Winterheart’s Guild (2003) y un volumen hasta mayor que el de la primera parte del recital. Mientras esperaban para seguir adelante, un discurso grabado estilo Discovery Channel (siempre con la idea de que hay un Gran Hermano que nos vigila y controla) fue el preludio para que ahora sí sonase en vivo “We Are What We Are”.

La introducción en las manos del tecladista fue brillante y el punteo de la guitarra transportó a todos los presentes hacia la tierra media, siendo los efectos en el micrófono del cantante el agregado necesario para que la canción tuviese la dimensión justa.
El cierre de la primera parte del recital fue con una enérgica versión de “The Power Of One”, habiendo cumplido con una hora exacta de show. El “olé, olé, olé” no se hizo esperar demasiado y la banda regresó para que la diversión no tuviese freno. Tony aprovechó para agradecer de todo corazón el apoyo y la ferocidad del público, declarándolos unánimemente como los mejores de todo el mundo – un cliché en muchos otros músicos, pero que en este caso fue sincero- y también realizó un testamento en favor de la música en vivo. Exigió a todos que recorran recitales, que descubran bandas y géneros nuevos, que abran su mente y que nunca dejen de comprar tickets para ver “música tocada por personas de verdad con instrumentos de verdad”, siendo esa la razón por la que ellos estaban en Buenos Aires esa noche.

“Misplaced” y “I Have A Right” tuvieron el impacto de un misil teledirigido y el grito final se materializó en “Don’t Say A Word”, quedando tiempo para un divertido juego entre el cantante y el público con fragmentos de “Vodka” que sirvió para amenizar el “hasta pronto”. A pesar de esto, la despedida se hizo larga, pues los músicos se quedaron un buen rato interaccionando con algunos fanáticos y sacándose la tradicional foto con todas las manos apuntando al cielo. Luego de aquellas presentaciones agotadas en 2013, 2014 y 2015, Sonata Arctica volvió a conquistar Buenos Aies, prometiendo un regreso en la brevedad para poder desplegar nuevamente su sinfonía de la muerte.

Por Rodrigo López Vázquez

Fotos por Mica Stirparo // Sinónimos Fotografía

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