Coberturas

Decadencia garantizada o le devolvemos su dinero

Los Auténticos Decadentes siguen festejando sus 30 años de carrera y montaron una verdadera fiesta en El Teatro Sala Opera de La Plata, con un show que no dejó clásico sin repasar e hizo delirar a un público multigeneracional.

Decadentes
Decadentes

Una banda que lleva tres décadas haciendo bailar a personas de todas las edades, y aún sigue vigente, no podría ser catalogada bajo ningún concepto como decadente. Sin embargo, Los Auténticos Decadentes son dueños de un estilo que hace que uno llegue a la conclusión de que no podrían llamarse de otra forma. Uno ve a los músicos sobre el escenario, vestidos como una cruza entre integrantes de comparsa, banda de ska y cantantes de reggaeton, tocando canciones de ritmos populares cuyas letras distan de tener pretensiones de poesía apolillada, y siente que en esa decadencia voluntaria hay una autenticidad que la transforma en una rasgo positivo.

El recital del sábado en La Plata fue una muestra de que después de 30 años, siguen más decadentes y más auténticos que nunca. El show, que fue una fiesta desde el principio, empezó puntual cuando el trío a cargo de los vientos, conformado por Pablo Rodríguez (saxo), Daniel Zimbello (trombón) y Guillermo Eijo (trompeta), hizo sonar la intro inconfundible de “Cómo me voy a olvidar”. Con Gustavo “Cucho” Parisi (voz) agitando al público, ya de por sí exaltado, y sin pausas mediante siguieron con “Pendeviejo”, una canción que podría describir perfectamente a los músicos y a sus seguidores: además de una multitud de jóvenes, abundaban debajo del escenario los cuarentones y cincuentones que bailan con tanta o más pasión que los pibes veinteañeros.

Cucho, a lo Joey Ramone.
Cucho, a lo Joey Ramone.

El reggae de “Enciendan los parlantes” calmó un poco la efusividad, pero pronto volvería el descontrol con uno de los tantos clásicos que se iban a escuchar en la noche: “Los Piratas”, el himno de los atorrantes que no pueden ni quieren resignarse a la monogamia. Sobre el final, Cucho saludó a los espectadores y aseguró estar muy contento de volver a La Plata luego de un largo tiempo sin presentaciones del grupo en la ciudad, antes de anticipar que le cedería el micrófono a Jorge “Perro Viejo” Serrano, voz y guitarra.

La intro de “Corazón” despertó un coro de algarabía por parte de la gente, que se encargó de cantar las primeras estrofas, a la par que se formaban parejas para bailar al compás cumbianchero y romántico de la canción. La bailanta no terminó ahí, porque tras los coros finales, vino pegada “Diosa”, con el bajista Pablo “Chevy” Armesto marcando un ritmo rápido de cuarteto, sustentado por Eduardo “Animal” Trípodi en el güiro y Martín “Mosca” Lorenzo en los timbales.
dsc_4933La caravana musical siguió enganchando “Autentica” y “Viviré por siempre” en la que los vientos pasaron al frente del escenario para tocar la parte instrumental final. Serrano cambiaría entonces su lugar en la voz con el guitarrista Diego “Cebolla” Demarco, quién entonó la dulce y melódica “Besándote” mientras Cucho acompañaba con una pandereta, Animal con el zurdo y Gastón “Francés” Bernardou con las congas. Luego, un interludio de teclado, a cargo de Claudio “Brother” Carrozza, serviría de puente para pasar a “El gran señor”.

Con Cucho de nuevo en el papel de cantante, la farra continuaría con los primeros acordes que anunciaban a “Raquel”. Para sorpresa del público, en vez del rememorado “Cuando la conocí a Raquel”, Parisi inició la primera estrofa cantando “El ritual de la banana”, de Los Pericos. La broma despertó las risas de la audiencia, que ya había empezado a corear la letra de “Raquel”. El teatro era ya una fiesta, y para seguirla, vendría un fragmento de la desfachatada “Entregá el marrón”, que luego dio paso a la llegada de la comparsa más conocida del mundo entero, de la mano de “El Murguero”.
dsc_4932Tras los aplausos, el clima cambió a uno más relajado, pero no menos alegre, al regresar Perro Viejo al micrófono central y comenzar a cantar “Un osito de peluche de Taiwan”, con lo que los pasos de murga fueron reemplazados por el pogo. Guillermo Eijo pasó adelante para lucirse con un notable solo de trompeta que hizo saltar a toda la concurrencia. A continuación Gustavo “Nito” Montecchia cambiaría la guitarra eléctrica por una acústica para acompañar en “El pájaro vió el cielo y se voló”. Luego del coro final, el baterista Mariano “Negro” Franceschelli empezó a hacer una base rápida que se transformaría en el comienzo de “Sigue tu camino”.

Después vendría “No puedo” entonada por Cucho y Animal. Cuando todavía no se habían apagado los últimos golpes de percusión, Cebolla tocó un riff conocidísimo en la guitarra, y el público enloqueció al identificar que se trataba de “La hija del comisario”. Los saltos se transformaron en pasos de baile cuando empezó a sonar a continuación otro clásico de viejas épocas: “Ya me da igual”.

Una buena parte de la banda desapareció del escenario, quedándose solamente Cebolla, Perro Viejo, Nito Montecchia, Pablo Rodriguez, Franceschelli y Chevy Armesto. Pronto la gente comenzó a hacer palmas al son de los primeros acordes muteados de “La prima lejana”. Los demás integrantes se fueron sumando a lo largo de la canción, y ya estaban todos reunidos de nuevo cuando llegó el coro final con los aplausos compañeros del público, listos para empezar a tocar “Paseando por Temperley”.
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“Vamos a tocar un tema de nuestro último disco, “Y La banda sigue”, que se llama ‘Tanta soledad’”, anticipó Serrano, haciéndose nuevamente con el micrófono para cantar la melancólica balada, que bajó notablemente los niveles de intensidad y ayudó a que tanto la banda como los oyentes se tomaran un descanso después de tanto agite. Llegaría entonces el momento de “No me importa el dinero”, el hit que contó con la colaboración de Julieta Venegas. La voz de la artista mexicana se escuchó por medio de una grabación, y su acordeón fue reemplazado los vientos decadentes, alejando cualquier sospecha de playback, por si a algún malpensado se le ocurría dudar.

Dos temas tranquilos eran más que suficiente para recargar energías, así que luego de que Animal brindara deseándole “Salud” a los seguidores, Los Decadentes volvieron a la carga con la pegadiza “Skabio”. A un ritmo frenético, siguieron con “El dinero no es todo”, y después de que el público respondiera “Pero cómo ayuda” en cada estribillo, vendría el turno de la combativa “Gente que no”.

Mientras el resto de los músicos continuaban tocando una base de reggae, El Mosca entró al escenario disfrazado como Lobo y pasó a presentar uno por uno a sus colegas. El combo culminaría con una versión del Himno Nacional Argentino tocada con acordeón. Llegaría entonces el cierre formal del show con la declaración de principios universal de todo adolescente (y no tan adolescente) amante de la música: “La guitarra”. Los músicos abandonaron el escenario cuando terminó el tema, pero como Los Auténticos Decadentes tienen demasiados clásicos para ser abarcados en un solo recital, no tardaron en regresar para hacer bises.
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El primero, interpretado por Serrano, fue una hermosa versión acústica de “Loco tu forma de ser”. Le siguió “Somos”, esa suerte de manifiesto decadente. Y como el baile todavía no se terminaba, sonó también “Siga el baile”, durante la cual El francés se encargó de rociar con agua a la gente, para aliviar el calor de tanto movimiento. Después, Cucho se decidió a llevar la fiesta arriba del escenario. Mientras el resto de la banda improvisaba musical y líricamente sobre “Te ves bien buena”, hizo subir a dos chicas, que fueron bailando sucesivamente con todos los integrantes de la banda.

Vamos a hacer la última: ‘Y la banda sigue…’” anunció Parisi, antes de tocar la canción del disco homónimo. Parecía que, como dice la letra, Los Decadentes iban a seguir tocando para siempre, y que de tanta fiesta se declararía el Estado de Jarana Permanente en la Ciudad de La Plata. Lamentablemente la ilusión se rompió cuando los integrantes se despidieron, saludando con un cantito de “La Plata, La Plata…”, y las cortinas se cerraron detrás de ellos. De a poco, la muchedumbre transpirada, agotada de tanto festejo y furor, fue desalojando el teatro. Seguramente, a más de uno la sobredosis de alegría le habrá durado para el resto de la semana.

Por Facundo Remi

Fotos de Flor Dakuyaku

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