Educar es combatir

La represión a los docentes se da en un contexto que favorece ese tipo de prácticas. Un gobierno que parece haber decidido aplicarla contra todo y todos. Nunca fueron los choripanes, los micros o los gremios. Siempre fue una cuestión de ideología.

No hubo palos, no había caras tapadas. Tampoco choris, ni micros. No era ni lunes, ni martes, ni miércoles, ni jueves, ni viernes. No incluía a los pibes fuera de las aulas. Ni siquiera fue algo masivo. Nada. De todo lo que el gobierno se encargó de remarcar como “negativo” en una protesta, nada pasaba en la Plaza de los Dos Congresos, donde docentes, mayormente de CTERA, le hicieron caso al gobierno: que no haya más paros y que no se afecte a los chicos. Aguzaron el ingenio y resolvieron la instalación de una “Escuela Pública Itinerante” en el mismo sitio donde hace más de una década atrás se levantó la “Carpa Blanca”, símbolo de la dejadez con la que los docentes fueron tratados en la época de del Menemato.

Sin embargo, pese a no “incumplir” ninguno de los casilleros PRO para una “buena protesta”, los docentes fueron reprimidos como si estuviesen haciendo todo lo antes mencionado. Recibieron palos, gases, y brutalidad policíaca, como la que se había vivido en un Comedor infantil de Lanús (releer infantil) y en el puente Pueyrredón y en la Panamericana, durante el Paro Nacional del pasado 6 de abril.

Docentes, pibes que no tienen para comer, jubilados. Mientras ensancha la grieta como búsqueda política, el gobierno nacional sigue haciendo gala de caerle a los sectores más débiles de la sociedad. Una piba perdió su primer embarazo luego de la represión en Lanús, cuatro docentes fueron detenidos como si fueran delincuentes bajo la lluvia en el Congreso, en una escena digna de lo que Argentina es hoy por hoy: un país que navega a la deriva, anclado en promesas que siguen sin cumplirse, atado a críticas de un pasado inmediato, con nulo interés en responsabilizar al presente de lo que pueda suceder en el futuro.

La grieta es la que genera que para algunos sectores de la sociedad, la represión a los docentes esté “bien” por “invadir” el espacio público, los mismos sectores y cabezas que juzgan a Micaela García por su militancia antes de repudiar que fue violada y asesinada e inscribió su nombre en la lista negra del #NiUnaMenos.

Es lógico en un punto. El gobierno espera soluciones mágicas, espera que este “haber tocado fondo” se traduzca en salir para arriba, que tanto “palo” a los bolsillos y palo a la gente se traduzca, de acá a un tiempo, en una estabilidad económica. Mientras tanto, hay que afrontar las elecciones de medio término: claves para tener poder de decisión, voz y voto en el Congreso. Y, la única campaña que existe es agrandar la grieta. Para que siga ganando el odio al Kirchnerismo y no el amor por los globos, la revolución de la alegría y el presidente Mau. Es lo único que tienen. Y lo saben. Deslegitimar a los últimos 12 años, para justificar la elección de la gente en este presente. Porque de gestión, hay mucho de indigestión y poco de avance. Hay mucha tropa riendo en las calles, recuperando el libre albedrío del palo y la represión. Algo que fue alentado desde los medios, que casi que ansiaban la puesta en marcha del “Protocolo antipiquetes”, y que lograron volcar a la gente a la Plaza de Mayo el 1A, muchos de los cuales le pedían al gobierno que reprima. Y desde la Casa Rosada se tomó nota. Es más, casi que fue el único “reclamo” del que se tomó nota.

Así, en una semana, la ligaron un Comedor infantil de Lanús, los trabajadores de AGR-Clarín fueron desalojados a punta de metralleta, quienes pararon recibieron palos y, como corolario de la “Semana de la Represión”, los docentes obtuvieron como respuesta represión, graphs que desvirtuaron lo sucedido y una caterva de sincerebros que repiten como loritos lo que les dicen desde el Monopolio más grande del país: invasión del espacio público.

Pero todo radica en lo mismo. En la educación. O mejor dicho, en la falta de ella. En comprometerla, en ponerla en jaque, en no garantizarla. Sólo un pueblo no educado, o educado con verdades a medias, puede poner por delante de un asesinato una filiación política. Puede ser tan insensible de fijarse en el “espacio público” antes de en un reclamo docente que tiene su ancla en la Paritaria Nacional, algo que es Ley y que el gobierno actual está incumpliendo porque sí. Aquella “Carpa Blanca” que se instaló el 2 de abril de 1997. Permaneció en la Plaza durante casi dos años y logró dos hitos para los docentes: la aplicación de la “Ley de Financiamiento Educativo”, que garantiza la Paritaria nacional y la abolición de la Ley Federal de Educación. Ahora, Cambiemos resuelve hacer oídos sordos, circunscribir el aumento docente a cada provincia (sin tener una Ley de Coparticipación que, garantice que, por ejemplo, Santiago del Estero pueda pagar lo mismo que San Luis o que CABA) y genera la “Madre de las batallas” de este conflicto.

Un conflicto que erosiona aún más la escuela pública, que viene recibiendo palos sistemáticamente, que ve como la guita fuerte va para subvencionar o subsidiar directamente la escuela privada, que oye como el presidente del país dice que en la escuela pública “se cae” y no se la elige, que tiene un Ministro de Educación con una ausencia total de respeto y empatía con y para los docentes. Mientras los medios se encargan de colocar a los docentes en un lugar incómodo, casi de “delinquir”, de ser responsables de que “los pibes no estén en las aulas”, los pone en un lugar del mal y es un trabajo tan bien hecho que, mientras Boca le gana a Vélez y el domingo transcurre con una lluvia que parece persistir, alguien, que ocasionalmente se topa con las imágenes de la represión, pueda decir, sin empacho, sin pensar en los más de 20 docentes que, seguro, ha tenido a lo largo de su vida que la represión está justificada porque se está “invadiendo” el espacio público.

Es un trabajo fino el que se hace para lograr que la sociedad que votó a un gobierno que le prometió en 2015 que “los docentes serán cuidados y bien remunerados” ahora justifique al mismo gobierno que le mete palo, represión y gas a esos mismos que aseguró que protegería. La mala educación ni más ni menos. Porque nunca fueron los micros, los choripanes o los gremios. Siempre fue la ideología de un gobierno que no reprime porque sí. Reprime con convicción. Porque así es. Así son. Así piensan y así actúan. Sin distinguir niños, mujeres, comedores infantiles, docentes, jubilados, trabajadores. Todo aquel que se oponga es kirchnerista y “golpista”. El gobierno de la alegría está lleno de Dementores, ve fantasmas por todos lados y elige tapar con palos y gases un descontento cada vez más latente. Ayer fueron los docentes. Antes de ayer, los trabajadores, hace días, pibes en un comedor. Habrá que ver quién será el próximo en recibir los palos del “mejor equipo de los últimos 50 años” al que no le queda más que la represión y aumentar la grieta como única estrategia de campaña y de gobierno. ¡Burros!

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