Las SAD ¿Una solución real al fútbol argentino?

El fútbol argentino se encuentra en una de las mayores crisis de su historia. Las SAD aparecen como una posible solución para los clubes pero, ¿cómo les fue a nivel mundial? ¿qué papel tuvieron las franquicias en el deporte de Estados Unidos?

El fútbol argentino se encuentra en una de las mayores crisis de su historia. Clubes con deudas millonarias (o quebrados), jugadores sin cobrar desde hace meses y no se sabe quién va a televisar los partidos. La peor de todas: todavía no hay un presidente electo en la Asociación del Fútbol Argentino.

En la Argentina, los clubes son, jurídicamente, asociaciones civiles sin fines de lucro que nacieron de grupos de amigos que querían jugar al fútbol y competir, además de cumplir con un rol social. Pero a causa de su delicada situación, en el último tiempo tomó mucha fuerza la figura de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) fomentadas, principalmente, por el presidente de la Nación Mauricio Macri.

En España, las SAD existen desde 1990 cuando se implementó la Ley 10/1990 (posterior modificación a la Ley 50/1998) con la intención de transparentar las cuentas de los clubes y estableciendo un control administrativo y contable de los mismos, como toda empresa. ¿Qué instituciones se transformarían en Sociedades Anónimas Deportivas? No debían registrar pérdidas económicas en las últimas cinco temporadas, mientras que los clubes que estuvieran saneados podían seguir compitiendo de la misma manera que lo venían haciendo. La gran mayoría de los equipos que cayeron en el formato empresarial hoy se encuentran en graves problemas de capital y fracasaron en la gestión deportiva y social. ¿Las excepciones? Los clubes grandes.

Más cercano que España en los ’90, en Chile se aprobó la Ley 20.019 en la que se establecían las Sociedades Anónimas Deportivas. La causa fue la quiebra de Colo-Colo, el club más importante del país, y la organización del caos financiero que presentaban las arcas de los establecimientos. Años más tarde, Francisco Vidal, ex ministro e impulsor de las SAD, declaró: “Me arrepiento de haberla impulsado. La ley era para salvar la actividad, pero no ha resultado porque los clubes deben el doble que antes”.

Argentina también presenta algunos antecedentes, no muy buenos, de clubes que dejan de funcionar como asociaciones civiles sin fines de lucro para hacerlo como empresas que generen ganancias. Mauricio Macri en los 90 quiso comprar Deportivo Español pero desde la AFA no se lo permitieron. Fernando Miele, ex presidente de San Lorenzo, en el 2000 quiso cederle los derechos de la institución por 20 años a la empresa suiza ISL pero los hinchas se manifestaron en contra y a partir de ese momento todos los 30 de noviembre se celebra el Día del Hincha de San Lorenzo.

En el comienzo del nuevo milenio apareció Blanquiceleste SA, con Fernando Marín a la cabeza, para levantar la quiebra de Racing Club. Entre 2007 y 2008 los socios y las distintas agrupaciones realizaron multitudinarias marchas en contra de la gerenciadora por falta de pago de sueldos, deudas y pedidos de quiebra. Ferro, luego de su quiebra, fue administrado por Gustavo Mascardi y Torneos y Competencias en los  90 decidió mudar a Argentinos Juniors de La Paternal a Mendoza.  Pero hay un caso en el fútbol argentino que dio resultados positivos. En 2011 Belgrano volvió a manos de sus socios luego de un gerenciamiento de 10 años y 9 meses. Córdoba Celeste, con Armando Pérez en la presidencia, ordenó al Pirata y a mediados de 2011 fue elegido por los socios para ser el presidente del club.

¿Diferencias? Terminar el año con un balance en cero es un éxito para una asociación civil, mientras que para una Sociedad Anónima es un fracaso. Y lo que buscan las empresas es generar ganancias, por lo que únicamente dejarían en pie las actividades del club que sean redituables.

Un modelo de manejo de clubes más exitoso, o que por lo menos dio mejores resultados, es el de las franquicias deportivas. En este caso los equipos son marcas dedicadas al deporte que se pueden vender, cambiar de nombre o de ubicación según lo que decida el dueño de la misma. En Estados Unidos se puede apreciar el modelo de las franquicias deportivas en su máxima expresión. Allí siempre se concibió a las ligas deportivas como modelos empresariales. Según un estudio realizado por la revista Forbes, 40 de las 50 franquicias deportivas más exitosas son estadounidenses.

¿Cómo funcionan? Un grupo de inversores o una ciudad se hacen con una marca de, por ejemplo, la NBA. Para que una ciudad compre una franquicia debe cumplir con ciertos requisitos (infraestructura en transporte, alojamiento y población entre otros) y cada compra/venta de un equipo debe ser aprobada por la liga.

Para que se mantenga el nivel de competencia lo más parejo posible hay ciertas reglas. Los equipos que consiguieron menos victorias a lo largo de la temporada van a ser los primeros en elegir un jugador. No existen los traspasos por dinero sino que son por jugadores o por lugares en el Draft, proceso por el cual se eligen a los juveniles o de otras ligas. Y, además, la NBA establece un tope salarial.

Los dueños de los equipos son los que deciden en qué ciudad instalarse y dónde hacer de local, siempre que este tipo de decisiones sean avaladas por la liga. Por ejemplo los Nets se mudaron de Nueva Jersey a Brooklyn. Así como pueden cambiar de ciudad, también pueden modificar su nombre. Esto no es tan habitual porque las marcas pesan demasiado y ya están impuestas como para tratar de imponer una nueva.

¿Cómo hacer que una franquicia sea valiosa y rentable? Ser exitoso a nivel deportivo es uno de los factores principales. Estar asentado en un sistema económico sólido ayuda a una mejor planificación financiera. Y la correcta explotación de los ingresos en los estadios, el marketing, los sponsors y los contratos de televisión entre otras medidas. En el último tiempo, la NBA aprobó el ingreso de la publicidad en las remeras para hacer al deporte más rentable.

Ambos sistemas pueden ser económicamente viables siempre y cuando se los explote de la mejor manera. El ABC de cualquier buena gestión no depende de la naturaleza jurídica de las instituciones sino de la transparencia en los actos, la eficiencia y la profesionalidad de los dirigentes a la hora de tomar decisiones. ¿Serán una solución para los malos manejos de los clubes, o más de lo mismo?

Por Andrés Yacoubi (@andiyaco).

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